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Críticas

«Cosas insignificantes»: Más historias mínimas

«Cosas insignificantes» es un mosaico insípido e irregular construido, pese a todo, sobre un sólido guión. Los dilemas y dramas personales presentados en ella carecen de la fuerza que también exige el drama más sobrio.

Con la bendición de Guillermo del Toro y la presencia de conocidos intérpretes tanto del cine mexicano (Fernando Luján) como del español (Carmelo Gómez, Lucía Jiménez), «Cosas insignificantes» supone otro intento, uno más, de establecer una de esas mágicas trabazones de pequeños relatos que se entrecruzan en la urbe. Historias mínimas y tangentes, que invitan a encrucijadas morales y bretes del alma, que son retratos de redención y perdón. Una película, en definitiva, que empieza a ser marca de la casa latinoamericana y de la que viéramos hace unas semanas un ejemplo modélico en la chilena «La buena vida». Ahora llega esta co-producción hispano-mexicana, para seguir remozando una fórmula que parece garantía de éxito festivalero y que, poco a poco, se aproxima más a la constitución de un género per se.

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«Cosas insignificantes» es un mosaico insípido e irregular construido, pese a todo, sobre un sólido guión. Sus debilidades, nada que ver con el libreto, se encuentran en una conjunción de historias a las que su directora, la debutante Andrea Martínez, no sabe darles ritmo ni alma. Los personajes se encuentran recitando diálogos poco verosímiles para situaciones forzadas (especialmente en la relación entre Esmeralda y Augusto), lo cual no impide que la red de encuentros, desencuentros y relaciones establecidas se cumpla con mecánica precisión. Pero más allá de la sólida estructura motivada por las cosas insignificantes del título, la cinta se ve lastrada por una falta de evolución humana y sentimental que encuentra a su peor enemigo en ese montaje eternamente deudor de la «trilogía del dolor». Aquí, la deliberada alteración de las líneas temporales que propusieran Iñárritu y Arriaga, Arriaga e Iñárritu, no logra el efecto dramático deseado porque el montaje es más bien entendido como circunloquio y excusa para retrasar el punto clave en cada subtrama.

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Por cada momento inspirado que encontramos en el filme de Martínez (pongamos, por ejemplo, el inaugural de Paola como madre ejemplar), tenemos otro de escasísima entidad dramática o hasta insólito (pongamos la resolución de la relación entre los personajes de Gómez y Jiménez). Cada lograda metáfora de papel da paso a un personaje en algún momento víctima de la impostura. La distancia entonces con el espectador se vuelve excesiva y acecha el tedio en una trama que salva los muebles en parte por el buen hacer del elenco. Fernando Luján se sobra con el peso de la experiencia, Carmelo Gómez reclama una mayor presencia y Lucía Jiménez presume un cuidado acento. Mención especial merece Bárbara Mori como Paola, único personaje que trasciende mínimamente más allá de los créditos. Por lo demás, los dilemas y dramas personales presentados en «Cosas insignificantes» carecen de la fuerza que también exige el drama más sobrio. Por lo demás, estamos ante roles que no gozan de una auténtica relación con el contexto desesperanzador que proporciona una ciudad como México D. F.. Vidas cruzadas nunca insignificantes, pero sí incapaces de reivindicar su verdadera significancia.

Calificación: 5/10

En las imágenes: Fotogramas de «Cosas insignificantes» – Copyright © 2008 Tequila Gang, Manga Films y Media Films. Distribuida en España por Notro Films. Todos los derechos reservados.

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