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«Cosmopolis»: Salto al vacío

Críticas

«Cosmopolis»: Salto al vacío

«Cosmopolis» es la mejor película posible para hablar del ahora. Un relato fascinante o esbozo de reflexión total de nuestra realidad que se topará con quien la acuse de que entre sus líneas no sucede nada, cuando entre ellas sucede todo.

En el momento presente, es el diagnóstico de la crisis la nota dominante, el discurso a seguir por la ficción como vía para buscar culpables, revolverse contra el estado de las cosas. La verdadera revolución en el enunciado, en la manera de afrontar lo global, empero, requiere de un escalón superior en la lucidez del análisis. En 2003, Don DeLillo publicaba su imprescindible «Cosmopolis», y en ella se adelantaba a ese salto al vacío que el mundo iba a dar en cuestión de pocos años. Entre sus páginas, no tanto proféticas sino de gran clarividencia, se contenía ese diálogo extraordinario que situaba el epicentro del problema. ¿Cuál es el defecto de la racionalidad humana?, le preguntaba Vija Kinsky a Eric Packer en el interior de su limusina. Que finge no ver el horror y la muerte que aguarda en la culminación de los planes que idea, respondía el mismo personaje.

Fuera del coche, las ratas tomaban la ciudad, zarandeaban el vehículo en medio de una manifestación que Kinsky definía como acto contra el futuro. En una escena de «Cosmopolis» (ver tráiler), David Cronenberg reproduce esa conversación que podría ser clave para hallar la quimérica esencia de todo: el mundo como frágil proyección del capitalismo, el capitalismo como frágil proyección de la naturaleza humana. El ser humano como ente condenado a una auto-destrucción cíclica de la que prefiere embriagarse antes que asumir responsabilidades. La metáfora es precisa en ese viaje al colapso que protagoniza Packer, incorporado con coherente gelidez por un Robert Pattinson acorde al signo de su personaje, abandonado a los brazos del impulso y la desgana existencial con que dejarse llevar hacia el abismo propio que resume el colectivo. Y Cronenberg entiende perfectamente esa síntesis, recrea con fidelidad cada palabra y escenario de una Babel desbordada de miedos contemporáneos, asumiendo la intuición superdotada de DeLillo con una inteligencia rara en el cine.

Por todo ello, «Cosmopolis» es la mejor película posible para hablar del ahora, un relato fascinante o esbozo de reflexión total de nuestra realidad que inevitablemente se topará con quien la acuse de que entre sus líneas no sucede nada, cuando entre ellas sucede absolutamente todo. Los pensamientos en voz alta aislados del sonido externo en el asiento de atrás, el arte de Rothko en los créditos, el inasible valor del yuan, el sexo sugerido y despojado de ceremonias, como sucia culminación del instinto. Todo confluye con brillante naturalidad en esa ecuación que termina en el hartazgo de Benno Levin, en esa disertación brillante y consciente de sus contradicciones, convencida de que cuando ya nada puede ser razonable, solo queda poner un simbólico punto y final.

Calificación: 9/10


Imágenes de “Cosmopolis”, película distribuida en España por Vértigo Films © 2012 Alfama Films y Prospero Pictures. Todos los derechos reservados.

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