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«Creed: La leyenda de Rocky». Golpes bajos

Críticas

«Creed: La leyenda de Rocky». Golpes bajos

El púgil más entrañable del cine no da para más sobre un ring, así que la franquicia busca expandirse con esta nueva fábula marrullera, charlatana y pasada de rosca. Pero te queremos igual, Rocky.

Adonis Johnson (Michael B. Jordan) es todo un carácter. Pero es que lo lleva en la sangre… a ver si Rocky (Sylvester Stallone), un viejo amigo de su padre, le echa una mano en sus aspiraciones marrullero/deportivas. Cuarenta años después de su nacimiento para el cine -se dice pronto- volvemos a subirnos al ring de la mano del púgil más famoso del Séptimo Arte en «Creed: La leyenda de Rocky» -vaya título de domingo, tres de la tarde-, lo que parece ser un intento de reorientación de la franquicia para aquellos más jovenzuelos, cinéfagos del presente y del futuro. No sabemos qué pasará, obvio, pero esta séptima entrega de la saga no es un caballo ganador, por mucho que nos siga encandilando el adorable, honesto tarugo con el que tantos hemos crecido. Por mucho éxito que tenga.

Creed

«Estoy preparado». Eso es lo que tú crees, muchacho. ¿Rocky Balboa entrenando al hijo de Apollo? ¿Qué podemos esperar? Pues épica en la línea clásica del serial: entrenamientos, sufrimiento, gloria a base de moratones, clichés que siguen funcionando una y otra vez por su sencillez estructural y su capacidad para empatizar con el palco, limitaciones técnicas y artísticas aparte. Pues no: en su segundo largometraje, el director Ryan Coogler decide estirar la parca trama por encima de las dos horas de duración y propone una leedanielsificación -argh- del conjunto apostando por un aburrido enfoque urbano/social reiterativo y previsible -aún más de lo evidente- en el que los personajes hablan… y hablan… y hablan… zzz…

Creed

Claro, el problema no es ya la falta de chicha sobre el cuadrilátero, sino lo poco o nada interesante del parloteo de la cuadrilla central, porque a)es lo mismo de siempre, y b)todo se diluye al no ofrecer nada demasiado emocionante que nos ate al asiento. Por no haber, no hay ni fanfarrias en esta evolución retromoderna de la saga en la que Rocky se convierte en Micky, Adonis se convierte en Rocky, Bianca (Tessa Thompson) se convierte en Adrian, Ricky Conlan (Tony Bellew) se convierte en Apollo, Tommy (Graham McTavish) se convierte en Duke… y, en teoría, los espectadores jóvenes se convierten en palco objetivo en una aventura más bien brusca y sorprendentemente poco deportiva en una visión general. Segundos fuera.

Calificación: 5/10

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