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«Cuento de Navidad de Disney»: Frialdad del corazón… y de la imagen

Críticas

«Cuento de Navidad de Disney»: Frialdad del corazón… y de la imagen

Un producto que indudablemente suma méritos en cuanto al uso de las nuevas tecnologías, pero con unos personajes fríos en un entorno sin vida. No entusiasmará a los busquen el espíritu navideño o el de la novela de Dickens.

Se acerca la Navidad y Robert Zemeckis ha querido recordárnoslo invocando el espíritu de Charles Dickens, y haciendo viajar al pasado y al futuro al avaro Scrooge para darle una segunda oportunidad. “Cuento de Navidad de Disney” es, con permiso de Frank Capra y su «¡Qué bello es vivir!», la historia navideña por antonomasia para la pequeña y la gran pantalla. Su voluntad de recordar al espectador que el mejor negocio es el de la humanidad y no el del dinero exige un tratamiento preciso que le acerque a los personajes y que sienta con ellos. Y Zemeckis hace tiempo que apostó por la técnica digital y por la motion capture para contar sus historias y ganarse al público joven. El resultado es semejante al que nos ofreció en «Polar Express» o «Beowulf»: un dominio tecnológico deslumbrante, pero unos personajes fríos y congelados en un entorno sin vida.

De todos es conocido Scrooge y su avaricia sin límites, y también su viaje acompañado por los tres espíritus de la Navidad de distintas épocas, hasta lograr su conversión a la humanidad y a la sociedad. Un cuento moral sobre la posibilidad de cambiar y de creer en Dios y en el hombre, sobre la fuerza de la conciencia que atormenta y de la que se huye, sobre la realidad de la muerte como la auténtica fuerza capaz de hacer recapacitar y redimirse a tiempo. Una historia de buenos sentimientos para una época concreta y para siempre —¡qué bien nos vendría una excursión sobrevolando los cielos!— que es bien conocida por todos, y que Zemeckis lleva a la pantalla con actores reales que le dan sus movimientos y gestos por medio de sensores, para después manipular la imagen digitalmente con una animación fotorrealista: pero en el proceso las expresiones pierden fuerza y la mayoría no pasan de máscaras de porcelana que apenas transmiten sentimiento, mientras que la de Scrooge —interpretado por Jim Carrey, ideal para el papel— se carga de una gestualidad realista con marcados tonos dramáticos, pero la misma escasez de interioridad. Por eso, aunque la historia contiene abundantes elementos para la emoción y el drama, lo que vemos es un alarde tecnológico espectacular, pero vacuo y sólo aparente.

Es posible que actualmente esta tecnología de la motion capture no permita más que lo conseguido por el audaz director, pero entonces no resultará acertada para historias como esta. Por otra parte, Zemeckis sí logra unas acertadas transiciones entre mundos realistas y oníricos, entre tiempos pasados y futuros, y una transformación de rostros que asombra… aunque dejen frío a quien lo ve. La cámara vuela y nos transporta por ese mundo de espíritus que nos retrotraen a una infancia feliz o nos adelantan lo que será de aquellos cuando nosotros no estemos, permitiéndonos ver el mundo de los humanos desde una perspectiva celestial, o haciéndonos partícipes de una persecución de sombras y espectros terrorífica… y lo hace sin que choque visualmente y con unos efectos especiales sorprendentes. Pero es una fuerza visual de diseño, de postproducción, en la que no se sabe qué es sensibilidad artística y qué tecnología informática. Frialdad de la puesta en escena y de una fotografía que busca el volumen de personajes recortados en un entorno en perspectiva —nos recuerda al Mantegna renacentista, tan preciso como distante con sus personajes de piedra—, donde la realidad se parece a sombras del pasado que no han sobrevivido al paso del tiempo. Incluso los diálogos grandilocuentes parecen de otra época, más literarios y formales de lo que inducen las 3D del siglo XXI.

Un producto de indudable mérito en cuanto al esfuerzo que supone usar las nuevas tecnologías, con espectaculares movimientos de cámara y algunos momentos especialmente conseguidos: me quedo con el espíritu de la Navidad del futuro, de mayor fuerza visual y dramática que el resto, como no podía ser de otro modo si iba a ser el detonante para la conversión del «pobre» Scrooge. Gustará a quienes hayan disfrutado con sus películas anteriores y a quienes estén interesados en seguir el proceso tecnológico aplicado a la imagen del cine. También a quienes desconozcan el original dickesiano o algunas de las clásicas adaptaciones a la pantalla, pero dudo que entusiasme a quienes vayan buscando el espíritu del novelista o el de la Navidad, y eso a pesar de sus intenciones de buscar esa humanidad tan necesaria. En definitiva, parece que la frialdad del corazón de Scrooge acaba por trasladarse a la imagen, y de ella al espectador… que se va de la sala sin haber recuperado la chispa y alegría de ese rejuvenecido anciano que corre jubiloso por las calles de Londres.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de “Cuento de Navidad de Disney” – Copyright © 2009 Walt Disney Pictures e ImageMovers Digital. Distribuida en España por Walt Disney Studios Motion Pictures Spain. Todos los derechos reservados.

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