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«Cuscús»: Retazos de vida

Críticas

«Cuscús»: Retazos de vida

«Cuscús» es una de esas películas que hacen que sus pequeñas historias acaben resultando tan grandes como la vida misma. Un cine de vocación realista, retratista de una sociedad o de la familia fragmentada, de un hombre que se niega a una jubilación anticipada o de la rica multiculturalidad y orgullosa herencia. Un cine que necesitará de la complicidad y fascinación del espectador si este quiere disfrutar de cada una de las estampas que Abdel Kechiche propone: estampas que respiran vida por los cuatro costados.

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Porque «Cuscús», valga el tópico, es como la vida misma. Lo es porque en ella encontramos largas conversaciones entre amigos en la puerta de un pequeño hotel, comidas familiares en las que los adultos se permiten bromas sicalípticas (con el adolescente como fascinado oyente), intercambian idiomas y cultura o reflexionan sobre el amor y el cariño mientras comen cuscús. El plato que rebautiza al filme en español es el nexo de unión, significativo representante de una herencia cultural y conciliador alimento que propicia las más diversas estampas. Es también el problema que ha de proponer la trama, perfectamente articulada y rumiada de principio a fin, centrada en el sueño de su desencantado y taciturno protagonista, el señor Beiji (Habib Boufares): montar un restaurante de cuscús en un barco. A Boufares le bastan muy pocas palabras y gestos para transmitir el hastío, la decepción o el cariño que experimenta su personaje en una empresa en la que quiere reafirmarse en su suficiencia, evitar ser un mantenido de su pareja y reunir en la medida de lo posible a su bien amada familia. Por su parte, a Kechiche le basta dejar hablar a sus personajes y fluir a su historia para elaborar un extenso y profundo ensayo sobre las relaciones familiares, la soledad, la vejez y los problemas a los que se enfrenta la inmigración en un país de mosaicos como es Francia.

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A través de un exhaustivo metraje, la cámara adopta una posición tan naturalista como las situaciones y actuaciones propuestas. En los momentos más íntimos o aquellos en los que la emoción nace sin ningún resorte, el plano se cierra indagando en la expresión de los intérpretes unos sentimientos nunca tan sinceros (caso de la escena que comparten el protagonista y Rym, excelente Hafsia Herzi, en el barco aún en reformas). Lo mismo sucede en las tertulias, a las cuales el cineasta otorga el tiempo necesario para madurar y alcanzar conclusiones, dejando que sensaciones y opiniones contradictorias vayan definiendo de manera soberbia hasta el más secundario de los personajes (el grupo de amigos músicos es un ejemplo). En otras ocasiones, esa misma cámara mira a los rostros de la burocracia francesa y transmite agotamiento, desesperación por las negativas que el señor Beiji y Rym encuentran a cada despacho al que acuden. En definitiva, Kechiche no se conforma con ajustar su retrato a la familia y el individuo, sino que amplia el ángulo de su mirada a una parcela de la sociedad en una crisis (los astilleros que deben extinguirse para dejar paso al reclamo turístico) que afecta de manera directa a las vidas e ilusiones de sus protagonistas.

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«Cuscús» será un plato delicioso para aquellos capaces de sumergirse en unas historias que rezuman cercanía y sinceridad. Su excesiva duración y el alargamiento casi inherente de cada conversación, son el único obstáculo que se interponen entre la película de Kechiche y públicos más amplios, pero no la impiden como notable ejemplo del cine que propugna. Cine que cala sin artificios, a través de una mirilla personal y que resulta agridulce como pocos.

Calificación: 8/10

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  • En las imágenes: Fotogramas de «Cuscús» – Copyright © 2007 Hirsh, Pathé Renn Productions y France 2 Cinéma. Distribuida en España por Vértigo Films. Todos los derechos reservados.

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