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«Déjame entrar (Let me in)»: Vampirismo empañado

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«Déjame entrar (Let me in)»: Vampirismo empañado

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«Déjame entrar (Let me in)» es una adaptación cuyos mayores aportes respecto a la versión sueca son una mayor visceralidad y alguna gota de virtuosismo. Sin embargo, no consigue perfeccionar la poesía del horror de aquella.

Segunda adaptación en menos de dos años de la notable novela de John Ajvide Lindqvist, «Déjame entrar (Let me in)» marca el renacimiento de la productora Hammer films, habla en inglés y se presenta casi idéntica a su homóloga sueca. La principal y más destacable variación, quizá, se encuentre en su contexto y tono: la transposición del escenario a los paisajes igualmente nevados de Nuevo México, a los vecindarios igualmente colmenares de la periferia, pero también a una cotidianeidad configurada por la religión y el puritanismo de la era Reagan; y la visceralidad que imprime el realizador Matt Reeves, en contraste con la mayor gelidez y pulcritud del filme de Tomas Alfredson.

Lejos de indagar en los rincones perdidos del texto de Lindqvist, el director de «Monstruoso» (2008) ofrece una reedición de «Déjame entrar» (Tomas Alfredson, 2008) cuyos principales aportes pasan por un mayor efectismo gore y alguna gota de virtuosismo —el plano-secuencia del accidente de coche—. Se podría argumentar que Reeves ha intentado con cierto ahínco un ensayo sobre la monstruosidad, su gestación y sus negociaciones con la infancia, pero también que ese ensayo se ve dinamitado por una visible torpeza del diálogo y del discurso —la conversación telefónica en la que Owen (Kodi Smit-McPhee) le pregunta a su padre si existe el mal—, y una poco profunda búsqueda de metáforas —las máscaras como ocultación del lado oscuro, del monstruo incipiente—. «Déjame entrar (Let me in)» es, en fin, un solvente remake del filme escandinavo que no consigue perfeccionar la poesía del horror de aquel, y que se conforma con apuntar a la enfermiza perversidad de la novela original. Territorio en el que, por cierto, ninguna de las dos películas penetra con la temeridad de Lindqvist.

Con esta revisión de atmósfera empañada, varios enteros más sucia que su referente, Reeves demuestra su idoneidad para el género, siempre y cuando hablemos de este en términos de estética y logros visuales. Más allá de estos, se echa de menos en esta su tercera película la constatación de una comunidad podrida por dentro, desgastada de maldad, y una mayor exploración de la inocencia y soledad del prepúber, elementos que los niños Kåre Hedebrant y Lina Leandersson encarnaban con asombrosa naturalidad y que en Smit-McPhee y Chloë Grace Moretz, pese a su condición de talentos consumados, quedan suplidos por una desencantada monotonía.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de “Déjame entrar (Let me in)” – Copyright © 2010 Hammer y EFTI. Distribuida en España por Aurum. Todos los derechos reservados.

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