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«Dos buenos tipos»: Los últimos Boy Scouts

Críticas

«Dos buenos tipos»: Los últimos Boy Scouts

Estupendo thriller cómico y detectivesco de Shane Black, un tipo que no tiende a fallar en sus propuestas. Diversión, violencia, locura, una fantástica puesta en escena y un dúo-trío protagónico genial.

Hollywood, 1977. El aire está tan contaminado en la soleada California que ni los pájaros pueden respirar. En una sociedad delirante y sofocante, Holland March (Ryan Gosling) y Jackson Healey (Russell Crowe) andan a la búsqueda de Amelia (Margaret Qualley), cada uno por su lado, cada uno a su manera. Hasta que sus caminos se encuentren, claro. Quien esto firma se declara abiertamente incondicional de Shane Black, desde que en 1987 debutase con el libreto de aquella icónica buddy movie protagonizada por el único poli del departamento considerado como un arma letal y su compañero, demasiado viejo para aquello; tres décadas después, y a la espera de que nos ofrezca una película de depredadores como tiene que ser -como actor formó parte de aquella panda de cuadrúpedos sin tiempo para sangrar-, sigue en plena forma con un thriller de acción estupendo, como tiene que ser: «Dos buenos tipos». Una alegría, gominolas de colores.

Dos buenos tipos

«El matrimonio es comprarle una casa a la persona que odias». Palomitas, risas, violencia encapsulada, catarsis, sencillez, fluidez. La Hanna-Barberización del género, incluso. Esos son las características básicas de la obra de Black, y aquí se repiten todas y cada una de ellas: sobre el guion firmado por él mismo junto a Anthony Bagarozzi, el director propone una comedia detectivesca muy divertida, que tiene la gran virtud de no alardear, no pretender, no querer ser más de lo que es; el resultado es una historia simpática, estupendamente verbalizada en sus diálogos y sugerencias y plasmada en un contexto cultural y socioeconómico tan cercano/lejano en el tiempo que la lisergia que desprende lo convierte todo en una especie de fantasía irreal, loca pero contundente. Valiente, libre, un pelín larga -dos horas son muchas- y extrañamente comercial, «Dos buenos tipos» es deliciosamente terrenal.

Dos buenos tipos

Una cosa es tener como protagonista a Ryan Gosling, que siempre está bien en su impoluta tensión contenida, y otra cosa es tener como protagonista a Ryan Gosling en modo libre. Y el resultado es genial, un rocambolesco investigador sin olfato que, en realidad, no es sino la amalgama de tantos y tantos personajes creados por Shane Black para deleite de un audiencia generacionalmente afín al destartale personal en estos tiempos de culto a… todo lo que resulte cercano a la plastificación de nuestra propia esencia animal. Russell Crowe, armario empotrado, bien, muy cómodo, cuyo imposiblemente paternalista Jackson Healey compacta, compensa y equilibra el turulato trastear de su compañero. Y junto a estos dos solteros, el biberón, una estupenda Angourie Rice tan cerca de la sobrina del inspector Gadget que a veces resulta difícil de creer. Por el contexto, se entiende. Qué bien.

Calificación: 8/10

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