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«Dos hermanos»: Así no hay quien viva

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«Dos hermanos»: Así no hay quien viva

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Daniel Burman incide de nuevo en la familia y la identidad en una propuesta irritante desde su mismo planteamiento. Dos iconos de la interpretación argentina cumplen sin pasiones ni excesiva convicción como focos de una historia rancia y macilenta.

Susana (Graciela Borges) y Marcos (Antonio Gasalla) son “Dos hermanos” que rondan los sesenta en la Argentina actual. El fallecimiento de su madre agitará su relación en la nueva película del sobrevalorado Daniel Burman, apoyado su guión en esta ocasión en la novela “Villa Laura” de Sergio Dubcovsky, hermano de su socio en la producción. El resultado se adivina insoportable ya desde sus primeros compases, a pesar de contar en los papeles principales con quienes se consideran ampliamente como la gran diva del cine y uno de los mejores humoristas del gigantesco país, respectivamente.

El cineasta retoma sus grandes temas, la familia y la construcción de la identidad personal de cada ser humano. El problema es que centra su mirada en torno a una figura odiosa, mezquina, vil y egoísta en grado sumo ─la insensible Susana especula y estafa en un país que ha conocido de primera mano los infiernos del capital─, confrontada a otra bondadosa pero harto mojigata, un Marcos castrado emocionalmente por su hermana y esclavizado hasta puntos tan absurdos como presumiblemente comprensibles desde la situación humana de su personaje. Borges y Gasalla cumplen en sus interpretaciones, aunque es de suponer que la pretensión del tándem Burman/Dubcovsky se encuentra en las antípodas de lo que logra: el rechazo frontal del espectador ante una historia que sublima el sopor e imposibilita los mínimos grados necesarios de empatía para con la irritante, irritable e irritada dupla central. Algo curiosamente habitual en el cine argentino reciente…

Por si no fuera suficiente con el insustancial y cargante parloteo que acompaña cada instante del cansino metraje ─los carnales no se soportan porque no quieren soportarse, nada hacen por evitarlo─, se maquina durante la trama un finalmente atropellado discurso redentor a partir del acomplejado simbolismo de la figura de Edipo, icono en quien se ve reflejado de modo obvio y natural el bueno de Marcos, cuyo constante tormento anhela con comedimiento un discurso improvisado que permita abrir las puertas a la esperanza crepuscular. En un pintoresco paralelismo, ansía el espectador ponerse en la piel de la creación de Sófocles, tal es el ímpetu con el que el palco ─parte de él, cuestión de gustos─ gustaría apuñalarse los ojos para dar por finiquitada una experiencia cinematográfica en absoluto melodramática ─aunque es ese el objetivo final─ y extenuante, agotadora, árida, rancia, macilenta.

Calificación: 1/10

En las imágenes: Fotogramas de “Dos hermanos” © 2009 BD Cine. Distribuida en España por Alta Classics. Todos los derechos reservados.

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