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«Dragonball: Evolution». Evolución… ¿hacia dónde?

Críticas

«Dragonball: Evolution». Evolución… ¿hacia dónde?

Ni aferrándose a la piedad del palco para acoger este subproducto como comedia involuntaria encontrarían sus responsables una razón suficiente para justificarse. Tildar este film de innecesario es, de largo, lo más generoso que puede definirlo.

Nada ni nadie está a salvo de ser adaptado por la feroz maquinaria de Hollywood. La avidez devoradora de las majors no conoce límites, de suerte que todo es transformable en imágenes con vistas a generar pretendidos taquillazos que abran la puerta a rentables sagas cinematográficas. Y a renglón seguido de las polémicas generadas por la fallida visión de Zack Snyder de los “Watchmen” de Alan Moore y Dave Gibbons, desembarca en pantalla grande otro tótem, esta vez surgido de la mente de Akira Toriyama, cuya vastísima legión de incondicionales no podrá sino tirarse de los pelos ante el resultado fílmico de su seminal creación.

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Goku (Justin Chatwin) es un chico de lo más normal, enamorado de la chica más guapa de su instituto (Jamie Chung) y humillado permanentemente por los tarugos más populares del colegio. Pero tiene un secreto: en realidad es un maestro de las artes marciales adiestrado por su abuelo, Gohan (Randall Duk Kim), adoctrinado en técnicas milenarias que se convertirán en su principal herramienta para luchar contra la amenaza de Piccolo (James Marsters), diabólico personaje que regresa de su letargo para dominar el universo. Es indudable que a la hora de plasmar en fotogramas un cómic, un libro, una obra de teatro o una serie de animación hay que realizar cambios para adaptar los distintos lenguajes del referente al del séptimo arte. Sin embargo, los responsables de “Dragonball: Evolution” no han sabido, no han podido o no han querido prestar la más mínima atención a la fuente originaria, para desgracia de los conocedores de tan alabado material. Uno de los más desastrosos procesos de casting de la historia reciente colocan a un absurdo Justin Chatwin en el papel central, secundado por un elenco inverosímil, pueril y rayano en lo ridículo de manera permanente, desde el pobre Chow Yun Fat hasta el villano de la función, un James Marsters más digno de una producción de serie Z que de una propuesta destinada a estrenarse en salas comerciales.

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A pesar de que ciertas secuencias de acción están bien planificadas y presentadas, el vacío argumental y narrativo provoca no ya el hastío, sino la tirria más absoluta hacia este horror por parte de un palco deseoso de que todo termine y pueda olvidar este despropósito inmisericorde. Ni enfocando su visionado como una comedia involuntaria podemos hallar un refugio para escapar de la desazón que provoca la absoluta inutilidad de James Wong a la hora de buscar el favor del público; la gigantesca tomadura de pelo arranca ya con el mismo título ─presenciamos más bien la regresión de «Bola de Dragón», porque no se puede estar más lejos de la evolución del clásico─ y prosigue planteando un mundo ¿paralelo? ¿alternativo? ¿imaginado? en el que conviven las más modernas tecnologías automovilísticas con la cotidianeidad de los Peugeot 206, Renault Mégane o Seat León, los prodigios de la magia y la fantasía con el encorsetado y artificial petardeo de la vida estudiantil norteamericana ─con sus fraternidades y sus infinitos clichés, falsos como la vida misma─, la existencia espiritual con las materiales maravillas de la medicina curativa/milagrosa (atención a la “sorpresa” tras los créditos finales)… una broma de mal gusto, en definitiva, que no se salva ni como triste episodio piloto de un subproducto destinado a la pequeña pantalla.

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Por supuesto, no debe ser tomado en serio por expertos ni neófitos, y mucho menos por los responsables de su financiación, que debieran haber roto los cheques ante la simple visión de un guión tan zafio, cutre, que linda incluso con lo cerril en sus diálogos ─«que me llame Chi Chi no quiere decir que sea estúpida»─ e incluso en su vestuario ─¿quién ha dado el visto bueno al aspecto de Ernie Hudson? ¿qué chica lleva hoy en día, en este o cualquier planeta, extensiones de colores? ¿quién le ha dado esas camisas a Chow Yun Fat? ¿y la armadura de Piccolo, fornida independientemente de su ocupante?─. Mal, muy mal.

Calificación: 2/10

En las imágenes: Fotogramas de “Dragonball: Evolution” © 2009 Dune Entertainment, Star Overseas y 20th Century Fox. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.

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