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«Drive»: Scorpio rising

Críticas

«Drive»: Scorpio rising

«Drive» es fascinante, tan brusca e inesperada como hipnótica, una película que alcanza lo memorable a través de la estética icónicamente hortera de un milimétrico Ryan Gosling. Emotiva, violenta, espectacular e inolvidable.

El héroe sin nombre de «Drive» (ver tráiler y escenas) pertenece a la tradición de los héroes sin pasado, de los que sólo se puede intuir la fatalidad bajo cuyo signo se mueven a la deriva, rápido. En el caso de ese jinete de vestuario medidamente hortera al que interpreta un milimétrico Ryan Gosling, la fatalidad se define desde la misma naturaleza del escorpión que luce dorado en su cazadora, de blanco prístino que se mancha de sangre de sus víctimas a medida que avanza en su descenso a unos infiernos que ya parecía conocer. Un escorpión que adopta las formas silenciosas del reciclado personaje melvilliano, cuya estética desfasada le convierte en icónico, y cuyo sino está escrito en la escena del ascensor: un ser que anhela culminar el amor que guarda hacia su vecina y su hijo, que desearía protegerles en una vida común, pero que se sabe prisionero de un instinto atroz que le impide contemplar cualquier futuro o afecto.

De los paisajes del último neo-noir, es la ciudad de Los Ángeles en la película de Nicolas Winding Refn de los más memorables, un escenario urbano que palpita, planos aéreos mediante, con la soledad de ese samurái cuya supervivencia depende del constante movimiento. Es también ese lugar atroz que describía el Vincent de Tom Cruise en «Collateral» (2004) —quizá el Michael Mann más próximo a «Drive»—, una metrópoli que tipos como él o como el conductor de Winding Refn ya entendían como ese inmenso mapa inconexo en el que se nace, se vive y se muere solo. Allí, el danés propone a partir de la novela de James Sallis un relato no original de redención por amor, del eterno malditismo personal de un protagonista que aquí se arma de referencias y se reviste de estéticas desfasadas —que no desentonan en esa Los Ángeles sin tiempo, congelada— que al tiempo se alían con unos créditos fucsia o una banda sonora en la que el Nightcall de Kavinsky & Lovefoxxx o el Oh My Love de Riz Ortolani y Katyna Ranieri son capaces de reinterpretar dos momentos al volante en claves distintas de rutina épica —al inicio— y romántica venganza —al final—.

Como proyección de la configuración furiosa de su personaje principal, «Drive» avanza con gramática tan brusca e inesperada como hipnótica: brusquedad de las formas que en cualquier momento se embarcan en un viaje ensimismado, absorto en la música que acompaña, pero también en el afloramiento de las emociones, que siguen a los más crueles y virulentos estallidos de violencia. Son pulsiones que emergen inseparables y sin remisión como razón de ser de una película fascinante, para golpear sin previo aviso y recordar la irrevocable, instintiva naturaleza del escorpión que todo lo rige y todo lo determina hasta su sacrificio.

Calificación: 8/10


Imágenes de «Drive», película distribuida en España por The Walt Disney Company © 2011 Bold Films, Odd Lot Entertainment, Marc Platt Productions y Seed Productions. Todos los derechos reservados.

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