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«Duplicity»: Humor, amor, espionaje y paranoia

Críticas

«Duplicity»: Humor, amor, espionaje y paranoia

Una pareja que encandila en pantalla, dos secundarios de lujo y un guión rápido y divertidísimo para una historia que se presenta como una suerte de vuelta de tuerca de «Michael Clayton», por tono y trasfondo.

Desde que debutara en 1992 firmando el texto de “Pasión por el triunfo”, Tony Gilroy se ha granjeado una más que respetable reputación en Hollywood gracias a su participación en proyectos interesantes como “Dolores Claiborne” (1995) o pelotazos comerciales y palomiteros como “Armageddon” (1998). Tras tomar parte en la trilogía de Jason Bourne, en 2007 decidió, como tantos otros compañeros de profesión, probar suerte detrás de las cámaras. El resultado, «Michael Clayton”, le valió numerosos premios y reconocimientos; ahora regresa con una vuelta de tuerca de aquella, ambientada nuevamente en el turbio universo de las grandes corporaciones pero con un tono más relajado y distendido.

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Claire Stenwick (Julia Roberts) es una ex agente de la CIA. Ray Koval (Clive Owen) es un ex agente del MI6. Y ambos se han dado cuenta de que trabajar en el sector privado es más lucrativo que hacerlo para los gobiernos norteamericano e inglés, respectivamente. Ahora bien, sus ambiciones personales y laborales, así como la relación sentimental que intermitentemente mantienen desde un encuentro casual en Dubai en 2003, están lastradas por una tara intrínseca a sus ocupaciones anteriores: la paranoia. Los impagables créditos iniciales de “Duplicity” marcan la pauta que va a seguir el desarrollo de un film peculiarmente atípico, divertidísimo y que hace gala de una dinamicidad más que agradecida, dominado desde el primer instante por la química que destila una pareja central que encaja a la perfección durante cada segundo que comparte en la pantalla. Y es que el realizador, perfecto conocedor de las posibilidades comerciales del material de que dispone, consigue de sus actores exprimir al máximo sus capacidades para encandilar a un palco rendido ante una dupla que exhala elegancia y encanto, máxime apoyada en la viveza de un montaje moderno y ágil, todo ello envuelto en una puesta en escena igualmente garbosa y distinguida (a lo que contribuye, qué duda cabe, el escenario internacional, tan cool como cosmopolita, en el que se desarrolla la trama).

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La imposibilidad de confiar el uno en el otro se hace extensiva a la demencia de sus patrones, dos titanes de la talla de Tom Wilkinson y Paul Giamatti que saben hacerse con cada secuencia de que disfrutan con la sabiduría añadida que les insta, de manera natural, a relegarse a sí mismos a un segundo plano para convertir su participación en el film en la guinda perfecta para lograr un montante inteligente pero ligero, enrevesado pero perfectamente asimilable en su conjunto. Así pues, a pesar de reunir no pocos tópicos del cine de espías, y de adolecer de una cierta indefinición circunstancial entre la comedieta ligera ─que desvirtúa un tanto la viabilidad de la crítica subyacente en el libreto, encaminada tanto a las empresas como a sus dirigentes─ y el thriller corporativo, “Duplicity” confirma que Gilroy sabe defenderse como realizador y guionista a un tiempo, sin que su labor simultánea en ambos campos se solape la una con la otra dilapidando el resultado final. Las multinacionales conspiran a espaldas de los ciudadanos, y los agentes adiestrados en primera instancia con los impuestos de todos contribuyen a ello. Pero a qué precio.

Calificación: 7/10

En las imágenes: Fotogramas de “Duplicity” © 2009 Universal Pictures y Relativity Media. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

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