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«El amor y otras cosas imposibles»: Los demonios de una mujer cocodrilo

Críticas

«El amor y otras cosas imposibles»: Los demonios de una mujer cocodrilo

«El amor y otras cosas imposibles»  es una película contada de manera convencional que no termina de enganchar, con una trama que avanza a trompicones y cuyo desenlace es tan inverosímil como el comienzo del romance.

Es posible que el amor sea una caja de sorpresas y misterios, pero eso no justifica que en «El amor y otras cosas imposibles» todo esté permitido a Don Roos por exigencias del guión y de Natalie Portman. Ella es Emilia, una joven abogada que se enamora de su jefe Jack al poco de comenzar a trabajar en su bufete, y que tendrá que ganarse el favor del pequeño William cuando pase a ser su madrastra. No se lo pondrá fácil Carolyn, la ex-mujer de su marido, ni tampoco ese niño precoz y de trato difícil, pero fundamentalmente Emilia tendrá que luchar contra otros demonios interiores que agrian su carácter y que le impiden mirar hacia adelante.

Las dramáticas consecuencias del divorcio de sus padres, la difícil educación de un niño superdotado con carencias afectivas, o el sentimiento de culpa que atenaza son algunos de esos fantasmas que, metafóricamente, asemejan a Emilia a un cocodrilo de dientes afilados, que hace daño incluso cuando trata de ser amable. En un momento determinado, su marido le echará en cara su frialdad con el niño y también la dureza hacia quienes tiene más cerca: consecuencia de quien no se ha perdonado a sí misma ni a los demás. Sin embargo, eso sólo lo sabremos más tarde, cuando descubramos el pasado del bebé o de su propio padre. Hasta entonces, el espectador habrá visto a una Emilia paciente y afectuosa con Jack y con William, condescendiente con Carolyn… Cuesta creer algunas de sus reacciones por mucha conciencia de culpa o heridas abiertas que tuviera, como resulta difícil aceptar los reproches que Jack le hace sobre la forma de tratar a William.

Son defectos del guión que hay que extender al personaje de Jack —este sí que es impredecible, desconcertante y opaco— o de Carolyn —una neurótica sin fisuras ni matices—, lo mismo que a una estructura narrativa deficiente en la que el flashback inicial de cuando la pareja se conoció está metido con calzador, o el posterior que desvela el infortunio del bebé resulta igualmente prescindible. Con poco ritmo, los giros dramáticos rechinan en su artificio, sin convencer la relación entre Jack y Emilia, y dejándonos fríos la que se establece entre esta y su hijastro. Natalie Portman tiene momentos y estallidos emocionales pero siempre parece estar en una burbuja interpretativa pues el entorno no acompaña —ni Lisa Kudrow ni Scott Cohen transmiten nada—, e incluso la historia amenaza con despeñarse con análisis freudianos.

El resultado es una película contada de manera convencional y con poca fuerza que no termina de enganchar, en la que la trama avanza a trompicones y sin convencer, y cuyo desenlace es tan inverosímil como el comienzo del romance. De lo más acertado de la cinta es la manera de reflejar esa actitud fría y racional de William, cruel en su inocencia y carente de los sentimientos propios de un niño, fruto de unos padres que le dieron todo menos cariño. Pero eso y la presencia de Natalie Portman no bastan para salvar “El amor y otras cosas imposibles”, que se queda en un drama sobre las relaciones de pareja sólo apto para los incondicionales de la actriz, aunque incluso estos echarán en falta al cisne negro, convertido aquí en mujer cocodrilo que tenía que ahuyentar unos demonios.

Calificación: 5/10

En las imágenes: Fotogramas de “El amor y otras cosas imposibles”, película distribuida en España por DeAPlaneta © 2009 Incentive Filmed Entertainment, Handsomecharlie Films, Is Or Isn’t Entertainment y Marc Platt Productions. Todos los derechos reservados.

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