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«El árbol de la vida»: Titánico Malick

Críticas

«El árbol de la vida»: Titánico Malick

Increíble viaje sensorial de Malick, que presenta la película más ambiciosa e íntima de su escueta e intensa carrera. Una invitación a dejarse llevar por la conexión que cada individuo tiene con su entorno y con el universo. Tremendo.

Los O’Brien (Brad Pitt y Jessica Chastain) han perdido a uno de sus tres hijos. Las emociones derivadas de tan terrible acontecimiento marcan el punto de partida de “El árbol de la vida” (ver tráiler), quinto largometraje en casi cuatro décadas del inasequible, osado, iluminado, humanísimo, siempre inspirado y sencillamente genial Terrence Malick. Cada estreno de uno de sus trabajos es todo un acontecimiento, y una vez visto éste no podemos sino recomendarlo fervorosamente; eso sí, aviso para desconocedores de su obra: no es cine para degustar a la ligera, exige una importante disposición previa para dejarse llevar a una zona de evasión interior que pocos directores logran disponer en pantalla. Dicho esto, la película, la más ambiciosa e íntima que ha presentado hasta la fecha, es una maravilla. Pero es un experimento que, no nos engañemos, espantará, aburrirá y despertará alabanzas a partes iguales. Un incontenible desparramo sensitivo.

«La desgracia también recae sobre los justos». Pagada de sí misma e introspectiva en grado sumo ─en ese aspecto al americano no le gana nadie─, con abundantísimas capas de lectura que derivan, inevitablemente, en algún que otro bajón rítmico ─otro elemento consustancial a su filmografía─, epatantemente simbólica y abismal, se trata de un intento de reflejar la unión que cada uno de nosotros tiene para con nuestro entorno, con nuestro pasado y futuro, con el cosmos mismo. Visualmente despampanante ─el segundo rollo es totalmente hipnótico, un viaje a los umbrales del Universo que haría delirar al mismísimo Kubrick─, con una perfecta fotografía, una banda sonora inmaculada y un montaje tan emocionante como descarado, todo en “El árbol de la vida” invita a la ensoñación, una fragorosa e inextricablemente extenuante pieza de orfebrería de una belleza terrible y embriagadora.

Y lo es incluso en sus pasajes más lisérgicos y alucinados ─los orígenes de la piedad cuando los dinosaurios dominaban la Tierra─, un aluvión que vuela de lo unicelular a lo infinito con una contundencia y un lirismo que calan, que extasían en su composición general y que hacen que la parte humana de la historia se eleve por encima de su propia contingencia. Centrados en el elenco carnal, hay que decir que Brad Pitt está tremendo como padre estricto, violento y amoroso, escoltado por una Jessica Chastain candorosa y tierna hasta decir basta, y un triplete de jóvenes actores dirigidos con tino excepcional ─con mención especial para un espléndido Hunter McCracken─. Sean Penn, escaso en participación, no necesita mucho para ganarse el cielo, aún rodeado de un paraíso de cristal. Se podría hablar durante días de “El árbol de la vida”. Malick es un titán, uno de los más grandes narradores con imágenes ─aceptando sus muchas veces inconexos parámetros narrativos, por supuesto─ que ha dado el séptimo arte. Así de simple.

Calificación: 9/10


Imágenes de “El árbol de la vida”, película distribuida en España por Tripictures © 2011 River Road Entertainment. Todos los derechos reservados.

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