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«El arte de pasar de todo»: Buscando un tema en el corazón

Críticas

«El arte de pasar de todo»: Buscando un tema en el corazón

Con un guión fecundo en clichés y sin sorpresas, «El arte de pasar de todo» es una película amable. Gavin Wiesen firma una ópera prima positiva y ligera, que se deja ver con facilidad y con una buena interpretación de Freddie Highmore.

Todos sabemos que no es posible pasar de todo de manera continuada y permanente, y que el artista siempre busca mostrar lo que lleva dentro como un ejercicio de sinceridad. Quizá por eso, Gavin Wiesen nos presenta ambas actitudes en su debut tras la cámara, con «El arte de pasar de todo» (ver tráiler). En la película, George es un adolescente solitario y fatalista, sensible e inteligente, que ha decidido no dar importancia a trivialidades diarias como hacer los deberes del colegio o disfrutar de lo que la vida le ofrece. Su cabeza está más preocupada por entender el sentido de la muerte y de la misma vida, aunque haya tirado la toalla y lleve su corazón en un frasco de formol desde que su padre lo abandonara siendo niño. Pero todo es posible cuando se encuentra el tema de la vida, cuando hay algo que plasmar en el lienzo y es el reflejo de uno mismo.

Promocionada como trabajo del mismo estudio que hizo «Juno» (Jason Reitman, 2007) y «(500) días juntos» (Marc Webb, 2009), esta nueva comedia romántica encierra similares intenciones emocionales y de taquilla, aunque con menor frescura y ritmo narrativo que sus referentes. El mundo adolescente vuelve a ser el terreno elegido para mostrar los cambios del corazón y la madurez de la personalidad, mientras que la cámara trata de indagar en lo que ocurre en el interior de esos dos amigos que tratan de ocultar sus sentimientos. George respira inocencia y fragilidad a pesar del caparazón intelectual bajo el que se protege, mientras que Sally sabe más de la vida, y quizá por eso tenga miedo a herir los sentimientos de su nuevo amigo. Los primeros síntomas de celos en el taxi son mostrados de manera sutil, lo mismo que ese amor escondido —y decepcionado— bajo la capa de la amistad durante la cena de San Valentín, todo gracias a la buena interpretación de un Freddie Highmore que no deja de ser el Charlie que entraba en la fábrica de chocolate más que el joven que va a la discoteca y se emborracha, porque su rostro dulce y su mirada limpia son suficientes para desarmar al espectador.

El guión no esconde sorpresas ni originalidades, y está elaborado de manera sencilla y con abundantes clichés —no entra a matizar ni a explicar la personalidad de George—, apostando por los sentimientos y por un puñado de escenas conmovedoras, junto a una banda sonora que aporta aire fresco a esta historia de iniciación. El arte sirve de metáfora para mostrar lo que se lleva dentro y como vehículo para la sinceridad, y por eso es acertada la faceta de George como pintor sin tema y su búsqueda de una autenticidad más radical. Porque, en su camino de maduración y en su arte de «pasar de todo», el joven escéptico tiene aún una lección que aprender, y es la de dejar que su corazón sienta y decirlo sin esconderse en tópicos existencialistas —desde el fatalismo del «siento nostalgia de un presente que siempre terminaba» hasta el escapismo de «elijo libremente no participar en esta fiesta», frases tan cursis como falsas—, así como curar la herida de un pasado que creía sin afecto y la de saber vivir en un mundo imperfecto.

En su recorrido made in Hollywood —aunque se presente como cine indie— no puede faltar el «no hay nada imposible» para quien se lo propone y la fiesta de graduación como colofón a un esfuerzo que obtiene su premio, aunque por el camino queden unas cuantas familias rotas y unos corazones partidos. El tono amable de «El arte de pasar de todo», su propuesta positiva y ligera —no hay situaciones dramáticas extremas—, harán que el espectador la vea con gusto y facilidad porque el lienzo es entrañable y encantador, también que se enternezca y acompañe a este alma sensible en su peregrinaje al encuentro con la vida. A la vez, su puesta en escena es tan convencional que el director no duda en mostrar el cuadro sólo al final de la película, cuando el joven artista ha encontrado el tema y ha podido ejecutarlo con sinceridad plena, mostrando la verdad que se escondía en el corazón.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de “El arte de pasar de todo”, película distribuida en España por Hispano Foxfilm © 2011 Fox Searchlight Pictures, Gigi Films, Goldcrest Films, Mint Pictures, Atlantic Pictures e Island Bound Productions. Todos los derechos reservados.

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