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Críticas

«El Caballero Oscuro»: El precio de la integridad

Los amantes del cómic y de la serie Batman están de enhorabuena. Christopher Nolan nos ofrece una película de impecable factura visual, narrativa sólida y dinámica, interpretaciones sobresalientes, y personajes de gran hondura antropológica cargados de matices y recovecos. Uno de los superhéroes más humanos de DC Comics continúa su labor como justiciero en las calles de Gotham, donde la Mafia ha encontrado en el psicópata Joker un aliado ocasional para su actividad criminal. Mientras unos luchan por mantener el orden y la legalidad, otros aspiran a controlar el submundo de droga y corrupción, pero ¿qué pretende el siniestro individuo de la sonrisa permanente?, ¿quiere sólo la anarquía y el caos o maquina algún plan retorcido de malévolas intenciones?

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Al director de “Memento” hay que reconocerle el haber conseguido una película de ritmo trepidante, con una puesta en escena espectacular y una precisa narrativa. Entretiene y capta la atención del espectador desde la escena inicial con el robo al banco, pero no se conforma con ello y sabe dotar a sus protagonistas de una profundidad psicológica que va más allá de la persecución y la violencia. En una historia de personajes con identidades ocultas y dobles caras, donde la traición y la venganza se entremezclan con el odio y las convicciones morales, al final todo se reduce al dilema de vivir con o sin principios, de conformarse con la verdad y la justicia social o aspirar a vivir con fe y esperanza en el individuo. Nolan busca penetrar en lo más profundo del hombre con una y otra vuelta de tuerca: se sirve de continuos giros narrativos para una historia con varios finales consecutivos que hubieran resultado igualmente válidos, y fuerza un último encuentro de héroe y villano… hasta alcanzar el núcleo de la cuestión. Es el director quien verdaderamente quiere quitar a Bruce Wayne su máscara de murciélago, quien está interesado en descubrir los móviles de Joker, quien no acepta la integridad moral del nuevo fiscal del distrito de Gotham. Y por eso tanta vuelta y revuelta, tanto cuestionamiento de las apariencias, tanta caída a los infiernos y resurrección de quienes querrían ser “normales” pero que —cara a la ciudadanía y al espectador— son héroes sin mácula o villanos sin posible redención.

No todo es lo que parece, ni la vida puede hacerse depender de una moneda y del azar. La complejidad de circunstancias y la libertad del individuo superan al cerebro más diabólico y sanguinario, y también al centro de alta tecnología más avanzada. Lección de humildad y de humanidad es la que dan desde los ferrys unos ciudadanos de a pie —magnífica escena cargada de tensión e incertidumbre—, donde se desvela la verdadera heroicidad de quienes descubren un poso de sentido ético en su interior, a pesar del chantaje existencial-emocional al que son sometidos. Unos vencen y otros no, unos superan la prueba en ciertas ocasiones y otros no… pero a Nolan le interesa cuestionar esa integridad moral sin fisuras, y por eso dota de humanidad —de dudas e imperfección, de generosidad y sacrificio— a sus héroes de cómic, aquí sometidos a una dura prueba de conciencia.

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Trama intrincada y algo barroca, bien urdida en el guión, compleja en el retrato psicológico de los personajes, pero sabiamente equilibrada con impactantes escenas de acción —asombrosamente bien rodada, por ejemplo, la persecución en el túnel—. Claroscuro fotográfico que contribuye a generar un realismo sucio, una ambientación tenebrosa y unos comportamientos cambiantes, y música de extraordinaria fuerza —quizá demasiado remarcada por momentos— siempre eficaz a la hora de generar inquietud. Las interpretaciones constituyen, sin duda, la baza decisiva para el buen acabado de la obra y para el éxito de taquilla: Heath Ledger realiza el papel de su vida con gestos y movimientos que hacen que su personaje parezca de otro mundo, cortado por un patrón sin lógica ni previsibilidad; Christian Bale y Aaron Eckhart realizan trabajos convincentes, siempre al servicio de una trama y a rebufo de las maldades del Joker; Michael Caine y Morgan Freeman lo bordan, una vez más, dando peso a los suyos en los breves instantes que la cámara les concede; y Maggie Gyllenhaal cumple, aunque sin excederse, en un papel más televisivo y arquetípico que el resto.

El espectador que asista a ver “El Caballero Oscuro” no saldrá defraudado sino todo lo contrario. Se encontrará una película con profundidad psicológica y moral que sabe entretener y hacer disfrutar, que se cuestiona la ética de circunstancias y que no renuncia a la taquilla ni a tener el favor de la crítica. Un equilibrio difícil de conseguir que aquí se alcanza con creces, y por el que hay que felicitar al director.

Calificación: 8/10

En las imágenes: Secuencias de «El Caballero Oscuro» – Copyright © 2008 Warner Bros. Pictures, Legendary Pictures y Syncopy. Fotos por Stephen Vaughan. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.

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