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«El Caballero Oscuro: La leyenda renace» y el resurgir del caos

Críticas

«El Caballero Oscuro: La leyenda renace» y el resurgir del caos

«El Caballero Oscuro: La leyenda renace» llega a ser por momentos un espectáculo hipnótico y escalofriante. Pero en general es una película irregular, hinchada y en busca de una trascendencia subrayada por la agotadora música de Hans Zimmer.

En recientes declaraciones, Christopher Nolan reconocía que el haber tomado Nueva York como base para modelar el diseño de Gotham City en «El Caballero Oscuro: La leyenda renace» (ver tráiler), activaba una asociación inevitable con el 11-S. No es ninguna sorpresa, visto que el Batman de Nolan, aquel que empezara en 2005 con «Batman begins», se había convertido en una reformulación no solo de corte tenebrista y con poco margen para bromas, sino además perfectamente acorde con esa era empapada de terror mediático. Evidentemente, las formas escogidas y el fatal destino que deparó a Heath Ledger la encarnación de ese representante del mal irracional y anarquista que era el Joker, ayudaban a intuir un progresivo nihilismo que sólo podía hundirse más cuando llegara el siguiente episodio traumático en la historia que corre paralela al cine: una nueva y devastadora crisis económica que empujaría un poco más hacia el borde del abismo.

No es extraño, pues, que el cierre de la trilogía tenga por uno de sus escenarios clave la bolsa de Wall Street. Ni que las amenazas de colapso moral y ciudadano que asomaban en el final de «El Caballero Oscuro» (2008) hayan dado paso al definitivo caos y la destrucción a gran escala que campan aquí como expresión de la desintegración social. Durante un rato de cine totalmente despojado de esperanza, la cinta de Nolan se convierte en una tremebunda proyección de la ira y el miedo colectivo que invaden nuestra rutina. Durante ese segundo tercio, inaugurado con una emblemática derrota traducida directamente del cómic, el terrorismo masivo de Bane —carismático Tom Hardy— consigue inyectar en el palco altas dosis de impotencia y desesperación, las mismas que experimenta un machacado Bruce Wayne (Christian Bale) al ser testigo de un Apocalipsis en directo, la misma que puede sentir cualquier espectador al encender su televisor y comprobar que, un día más, las sombras no dejan de crecer.

Durante ese rato de cine, «El Caballero Oscuro: La leyenda renace» llega a ser una película por momentos hipnótica, un espectáculo escalofriante que revela a un Nolan disfrutando de una gozosa libertad creativa para proponer memorables imágenes del caos —la escena en el estadio—. Sin embargo, ese ensayo de pirotecnia magnífica e interesantes apuntes sobre nuestra realidad queda, en el cómputo general, irremediablemente lastrado por algunas de las taras de las que ya adolecía la anterior entrega: la ansiedad de trascendencia, el tono tan revestido de gravedad como la agresiva voz de Batman se alía de nuevo con la banda sonora de un Hans Zimmer agotador y omnipresente, y la desmedida ambición del filme acaba por traducirse en un metraje hinchado que se resiente en el último tramo. Así, la acumulación de intenciones, personajes y subtramas —hasta el punto de flirtear con el montaje atropellado, descuidado— sin dejar de pretender la contundencia de la tragedia que rodea a cada uno de ellos, acaba por esterilizar el efecto final de una obra que termina por resultar más interesante en su contextualización en el momento en que nace que en la consolidación de su épica, mitología y mensaje. Al menos, este último se decanta por una optimista llamada al renacimiento y a la reinvención personal, como recetas para seguir creyendo que la supervivencia es factible incluso en los episodios más oscuros.

Calificación: 6/10


Imágenes de «El Caballero Oscuro: La leyenda renace», película distribuida por Warner Bros. Pictures International España © 2012 Warner Bros. Pictures, Legendary Pictures y Syncopy. Todos los derechos reservados.

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