Síguenos

«El caso Farewell»: Guerra Fría anacrónica

Críticas

«El caso Farewell»: Guerra Fría anacrónica

«El caso Farewell» intenta, sin demasiado éxito, recuperar un cine de espionaje de la Guerra Fría que hoy parece casi desfasado. Lejos de sus referentes, la película pierde como crónica masticada y facilona de unos hechos determinantes.

La condición que ostenta «El caso Farewell» (ver tráiler y escenas) es la de película recuperadora de cierto cine de Guerra Fría tardía, aquel que jugaba a la trama internacional no mucho antes de la caída del Muro y que encontraría en «El pacto de Berlín» (1985), de John Frankenheimer, una válida representante. Cine reposado, sustentado en la mercadería de altos secretos y en el oficio de su director y actores a la hora de dibujar un mapa de intereses geopolíticos en franca desintegración. Paradójicamente, Robert Ludlum, autor de la novela «The Holcroft Covenant» que daba pie al filme de Frankenheimer, iniciaría más tarde la saga dedicada al agente Jason Bourne, a su vez germen de una trilogía cinematográfica cuya actualización de tensiones y caligrafía del cine de acción —con la inestimable puntilla de «Salt» (Phillip Noyce, 2010)— iba a desterrar a ese cine anterior al limbo de un cine de factura y prestigio, refugiado antes en la soledad y sentimientos del espía («La vida de los otros»).

«El caso Farewell», por tanto, emula a esa tradición hoy en peligro de anacronismo por algo más que la velocidad de la imagen. Christian Carion hace digerible, demasiado quizá, lo que desde el cartel promocional y citando a Ronald Reagan se tilda como «Uno de los casos de espionaje más importantes del siglo XX». El director de «Feliz Navidad» (2005) hace manejable y al alcance de todo el mundo un caso cuya fascinación apenas necesita de justificaciones —fue la mecha del hundimiento del espionaje soviético—, le pone la cara de un reparto internacional tan atractivo como desconcertante y traza relaciones emocionales a un nivel básico sobre la mentira, el amor, y las tentaciones del espía para con sus aledaños. No se puede decir que su pareja protagonista, formada por Emir Kusturica y Guillaume Canet, no desprenda química suficiente para sostener una fraternidad que no conoce de patrias, pero sí para que esa inesperada unión esté más marcada por la asombrosa facilidad para el tráfico de secretos internacionales, por lo casi anecdótico de sus encuentros —los documentos que salen volando por la ventanilla—.

Discreto manual para iniciados en los últimos días de la Guerra Fría, su vocación de crónica masticada de los hechos lleva a Carion hasta el límite de la bochornosa evidencia: en un lado, el realizador presenta un Reagan guiñolesco (Fred Ward) que recuerda sus días de actor revisando «El hombre que mató a Liberty Valance» (John Ford, 1962); en el otro, Mijaíl Gorbachov (Vsevolod Shilovsky) habla de cambios en el país y proclama en voz alta y solemne la necesidad de la Perestroika. Salidas de tono más propias de sketches de sus propias parodias que de un retrato político a la altura del contexto.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de “El caso Farewell”, película distribuida en españa por A Contracorriente Films © 2009 Nord-Ouest Productions, Le Bureau, Pathé, France 2 Cinéma y CinéCinéma. Todos los derechos reservados.

Continue Reading
Subir