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“El curioso caso de Benjamin Button”: A contracorriente y sin tiempo para amar

Críticas

“El curioso caso de Benjamin Button”: A contracorriente y sin tiempo para amar

La idea de alguien que nace con aspecto de viejo y va rejuveneciendo con el paso del tiempo es tan sugerente y atractiva que resulta ya un bocado muy apetecible para el espectador. Aunque la originalidad de la historia es mérito de Francis Scott Fitzgerald, la puesta en escena de David Fincher logra también captar la atención durante casi tres horas, con una bella y triste historia de amor en la que el tiempo se ha vuelto loco y pone patas arriba la lógica de la vida. En “El curioso caso de Benjamin Button”, nada es normal y todo respira aires imposibles en un viaje a contracorriente donde el protagonista es tan especial y único… como lo somos todos. Ese es el mensaje de la cinta –quizá demasiado explícito– en una apuesta por la diversidad y la tolerancia, por el enriquecimiento propio con otros puntos de vista, por vivir la vida en el momento presente porque, al fin y al cabo, todo sucede en una cadena de casualidades que podían no haberse dado. Así es la vida de Benjamin Button desde que nace y es acogido en una residencia de ancianos, hasta que el destino o las oraciones de su madre adoptiva le llevan por unas autopistas con múltiples salidas para encontrar el amor y perderlo, vivir la guerra y conocer la soledad, adentrarse en altamar y retirarse del mundo de los suyos.

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La historia de este peculiar personaje la iremos conociendo con la lectura de su diario, con lo que esta se empapa de un tono nostálgico y romántico gracias a una eficaz voz en off y una estructura narrativa que ya siguió por ejemplo “Titanic” (a la que hace más de un guiño desde la evocación de una anciana aún enamorada) o “Forrest Gump”. Fincher jalona la crónica de amor con acontecimientos que ayudan a situar la acción en el tiempo histórico –desde Pearl Harbor o los Beatles hasta el huracán Katrina– con saltos narrativos bien conseguidos en su dibujo del siglo pasado. Un desarrollo que, sin embargo, no sirve más que como armazón para una historia tan personal como atemporal: como Daisy le dice a Benjamin, se amaron en el momento preciso y no cuando sus vidas se cruzaron por primera vez, aunque desde niños siempre pensaran el uno en el otro. No sólo el amor sino también la muerte planean durante toda la historia, comienzo y término de la vida que se dan la mano en el fallecimiento de la propia madre de Benjamin tras su nacimiento o la anciana y moribunda Daisy que recuerda el amor de su vida. Incluso en la propia residencia de ancianos se encuentra presente este enlace: allí las ausencias se suceden o un anciano recuerda continuamente las muchas veces que le cayó un rayo para seguir con vida. Por eso, estamos al mismo tiempo ante una historia triste y feliz, con momentos emotivos y románticos que se alternan con otros en que se esbozan algunas reflexiones de cierta hondura o manifiestos antibelicistas, también con ligeros apuntes llenos de humor irónico o un toque poético.

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Una propuesta muy ambiciosa que juega su principal baza a partir del protagonista. Que Brad Pitt interprete el papel de Benjamin de principio a fin es un acierto. Su paulatina transformación –física y psicológica– debe mucho al extraordinario trabajo de maquillaje y efectos especiales, pero también a la buena interpretación del actor. Por momentos, el espectador se pregunta si será él quien aparece en pantalla, pues su mirada le delata pero su aspecto, estatura y comportamiento lo disimulan hasta desconcertar tanto como lo hace Benjamin a los que le rodean. La perplejidad y gravedad de su personaje, la interpretación de Pitt como anciano achacoso y el juego de las apariencias, así como el ritmo de la historia en su tercio inicial, hacen que la primera hora sea casi perfecta. Sin embargo, en su tramo intermedio la historia parece que se estanca y va perdiendo paulatinamente fuerza, por momentos tornándose muy convencional: las escenas de guerra se acercan al relato acartonado y las románticas bordean la estampa cursi del atardecer con puesta de sol, el colibrí mágico o los parajes turísticos. No obstante la obra de Fincher retoma el pulso a la espera de un final que puede entrañar alguna nueva sorpresa. Pero queda, finalmente, algo debilitada por algún exceso de romanticismo sensiblero y tópico, con idas y venidas de un amor imposible que alargan innecesariamente la cinta y que podrían haberse contado con mayor concisión y contención.

Una película, de todas formas, muy interesante sobre el paso del tiempo y las experiencias que van enriqueciendo a la persona, con oportunidades perdidas y otras aprovechadas, con padres e hijos que se alejan y reencuentran, con sonrisas y lágrimas en medio de la guerra y la incertidumbre del camino. Todo un resumen de lo que es la existencia de cualquier individuo, bien anclada en un tiempo en que ancianos y bebés se asemejan más de lo que parece… al tener por delante, en la memoria o en el futuro, todos los misterios de la vida.

Calificación: 7/10

En las imágenes: Escenas de “El curioso caso de Benjamin Button” – Copyright © 2008 Warner Bros. Pictures, Paramount Pictures y Kennedy/Marshall Productions. Fotos por Merrick Morton. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.

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