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“El curioso caso de Benjamin Button”: La vida es un milagro

Críticas

“El curioso caso de Benjamin Button”: La vida es un milagro

Si llegó el día en que F. Scott Fitzgerald pasó a ser uno de los escritores más importantes de la literatura norteamericana del siglo XX, quizá sea el momento de dar un paso adelante y ratificar al realizador David Fincher como uno de los más grandes cineastas contemporáneos. Su narrativa, poderosa y hábil como la de Fitzgerald, le ha llevado a desempeñar grandes relatos en la pantalla y hacerlo en condición de promesa, de polémico autor alabado y violentamente denostado por una misma obra, o cineasta al que se le concede el beneficio de la madurez más por las coordenadas de su película que por los méritos probados hasta ella. Porque David Fincher ha sido de todo: debutante infravalorado (“Alien3), genio retorcido (“Seven”) o temerario e insolente (“The game”). Ha sido, también, el revolucionario que necesitaba Chuck Palahniuk (“El club de la lucha”),  cineasta menor y desquiciado (“La habitación del pánico”) o apasionado cronista (“Zodiac”). Por eso no debería sorprendernos descubir en “El curioso caso de Benjamin Button” a un Fincher ejecutando con insultante soltura el realismo mágico de la fascinante fábula de Fitzgerald, la cual reinventa, hace suya y traduce en una de las más bellas odas cinematográficas a la vida.

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“El curioso caso de Benjamin Button” es una monumental adaptación libre de un breve relato del que apenas toma la premisa. Desde el principio, el contexto y los motivos se revelan sustancialmente diferentes y caminantes en otras direcciones. Tal voluntad es explicitada en un prólogo que primeramente amenaza con manida excusa argumental y que rápidamente es redimido con un cuento dentro de otro cuento, sencillamente magistral. En la pequeña historia del relojero ciego, se inicia rápidamente el embeleso que no abandonará al espectador entregado, una hipnosis de efecto inmediato y altas repercusiones emocionales. Uno puede estar seguro de que, una vez firmado el contrato comunicativo, Fincher le hará partícipe de una inmersión en un tono perpetuamente mágico que sólo un artesano de su talla puede aspirar a firmar sin caer en lo pretencioso o cansino. A través de su exhaustivo metraje, “El curioso caso de Benjamin Button” muestra cada momento de la vida de su excepcional protagonista con ternura y aura de unicidad, encontrando en su impecable acabado y la bellísima música de Alexander Desplat los perfectos aliados para lograr el deseado realismo mágico y convencernos, al final de la función, de que no hay historia más grande que la de una vida ni momento más irrepetible que el de cada instante vivido.

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Fincher firma una obra espléndida, única en su especie que sólo se separa del magisterio cuando su excesiva duración le pasa factura y su personaje, por momentos demasiado pasivo, es superado por su propia historia. Sólo eso le faltaba a Fincher reinventar de la fuente original para hacer a su Benjamin Button inolvidable más allá de sus extrañas circunstancias. Y sin embargo, tampoco le hace falta para dar un recital de pulso cinematográfico que impide cualquier atisbo de decaimiento en su discurso, sincero y emotivo en su búsqueda de las emociones que recorren una vida. Una vida de la que nos hace creyentes, como si de un milagro en celuloide se tratase.

Calificación: 8/10

En las imágenes: Escenas de “El curioso caso de Benjamin Button” – Copyright © 2008 Warner Bros. Pictures, Paramount Pictures y Kennedy/Marshall Productions. Fotos por Merrick Morton. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.

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