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«El destino final 3D»: El fin del cine

Críticas

«El destino final 3D»: El fin del cine

Una infamia que destaca por su sucesión de patadas contra la más simple de las concepciones artísticas. Y en su descalabro permanente, se anota el tanto de exhibir uno de los epílogos más visualmente cobardes del cine de todos los tiempos.

Cuatro de los peores actores del mundo, un pequeño grupo de secundarios de patio de colegio y el pobre Mykelti Williamson sobreviven a una tragedia en una competición automovilística. La Muerte, una vez más, no está contenta con este golpe del azar, así que poco a poco los irá liquidando a todos en una de las peores películas ─si es que se puede calificar como tal a esta cosa─ de la historia reciente y pasada del género. Es evidente que la tecnología tridimensional, más allá de su instrumentalización como arma de toque contra la piratería internauta o callejera, se aferra a un clavo ardiendo ─en este caso, el agradecido palco teen─ para conseguir subsistir. Hasta ahí, perfecto. El problema empieza a ser pavorosamente grave cuando, como en este caso, se utiliza simplemente como reclamo industrial, sin ofrecer al palco absolutamente nada a nivel de dirección, interpretativo o argumental. Y “El destino final 3D”, en ese sentido, puede suponer el principio del fin de cierto tipo de cine tal como lo concebimos.

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Porque la vergüenza adquiere dimensiones titánicas, cósmicas, indescriptibles, a la hora de enfrentarse a lo que se supone es la continuación de una saga que partió hace ya nueve años de una premisa atractiva y poderosa, la de la mismísima Parca que reclamaba las almas que la providencia le negó en su momento fruto de los hados o la premonición de alguno de los chavales protagonistas; divertidas carambolas servían para que la guadaña hiciera de las suyas a lo largo de tres entregas progresivamente decadentes pero entretenidas, alejadas en fondo y forma de esta anecdótica indecencia infumable que, pese a quien pese, ha liderado la taquilla USA durante dos semanas consecutivas contribuyendo a la lobotomización masiva de las generaciones que han de sostener la cinefilia en su más amplio sentido. Podrán algunos defender que el «film» ofrece lo que se le supone, lo que es ya desde los primeros compases una falsedad absoluta y desconsiderada puesto que no hay absolutamente nada a lo que agarrarse en este caso, tal es el extremismo con el que las pautas/taras del género se han comandado aquí por parte de David R. Ellis, cuyo nombre figura como orquestador máximo de esta roña inmisericorde.

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Así, las actuaciones, sencillamente, no existen, en una realidad alternativa en la que la alegría de la inconsistencia es la nota dominante, en la que el cuarteto central no despierta odios, afectos ni ninguna clase de emoción, una nadería a cuatro bandas arropada por un sub-elenco de extras que celebra su aleatoria salvación con champán y galletas, que cabalga por el metraje como si nada de lo que sucede fuese con él; los efectos digitales, más allá de la pobreza tridimensional, sobrecogen por lo lamentable, horriblemente desfasados y cutres, una suerte de festival patético y pretendidamente visceral de sobremesa enfocado a lograr una calificación benévola para que el populacho acuda en tropel a abonar de buen grado el coste de un atraco sin precedentes. Todo baila entre lo artísticamente nulo y lo directamente inexistente, desde la paupérrima calidad de los diálogos a la puesta en escena del fallecimiento de cada cual, desde la mecánica y anti efectista banda sonora hasta el que probablemente sea uno de los más escandalosamente lamentables y visualmente cobardes epílogos de la historia del cine, al margen de géneros o formatos. Terrible, terrible, terrible.

Calificación: 1/10

En las imágenes: Fotogramas de “El destino final 3D” © 2009 New Line Cinema, Practical Pictures y Parallel Zide. Distribuida en España por TriPictures. Todos los derechos reservados.

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