“El erizo”: La elegancia de Josiane Balasko

Escrito por el 14.12.09 a las 17:57

Mucho menos trascendente de lo que ella misma se cree, “El erizo” naufragaría en la mediocridad de no ser por Josiane Balasko, capaz de transmitir más cuanto menos recurre a la palabra, de emocionar con una sola mirada.

“La elegancia del erizo”, de Muriel Barbery, es uno de esos best sellers “a la europea”. O lo que es lo mismo, frente a los best seller “a la americana”, en los que prevalece el puro entretenimiento, los de la primera categoría se visten con ropajes más refinados, en los que las referencias cultas sirven para dotar a la trama de una apariencia de trascendencia que busca convertir lo narrado en metáfora de algo más profundo (esta clasificación, claro está, es fácilmente rebatible, porque ejemplos de lo contrario existen en cada orilla, pero resumiré así los conceptos, aun a riesgo de simplificar). Y así, no es de extrañar que su adaptación cinematográfica siga, punto por punto, el mismo esquema.

Porque, en realidad, “El erizo” no difiere mucho de tantas otras películas vistas hasta ahora. El personaje que da título a la cinta, verdadero eje de lo que en ella se cuenta, es una extraña incrustada en un mundo que no le corresponde y que simplemente la tolera: la portera solitaria, gruñona, cincuentona y descuidada encargada de un edificio de pisos ricos de uno de los mejores barrios de París, que alberga a industriales y políticos, lo mejor de la alta burguesía francesa. Y, cómo no, frente a la simplicidad y, en el fondo, vulgaridad de las familias para las que trabaja, la portera posee una vida oculta que cifra su felicidad en sumergirse en las páginas de la mejor literatura (Tolstói se convierte en la referencia máxima, y en el “ábrete sésamo” que romperá el caparazón de su aislamiento) mientras come buen chocolate y sostiene a su gato Léon sobre su regazo (representado, todo hay que decirlo, por uno de los felinos que mejor hemos visto actuar en pantalla).

Renée, que así se llama la portera, se convertirá en el eje sobre el que pivotarán los otros dos personajes, tan arquetípicos como necesarios: una niña de once años hastiada de su familia, artista oculta y filósofa incipiente, que arrastra su existencia hasta que llegue su duodécimo cumpleaños y poner fin a una vida que prevé aburrida y desesperada; y el nuevo inquilino del inmueble, el señor Ozu (otra referencia culta), elegante y refinado, que en seguida comprende la verdadera naturaleza de la protagonista. Y con estos tres personajes, queda perfectamente delimitado el terreno de juego, y la trama no contiene mayores sorpresas.

Lo que hace que “El erizo” no termine dándose de bruces en el terreno de lo “bonito”, con todo lo que ello implica, es la portentosa interpretación de Josiane Balasko como la portera, capaz de transmitir más cuanto menos recurre a la palabra, de emocionar con una simple mirada (como en la secuencia de la peluquería) y de llenar de humanidad a lo que, de otro modo, correría peligro de ser poco más que un cliché. Y así, nos olvidamos de las debilidades de un personaje del que nunca llegamos a saber cómo, sin estudios y viviendo siempre en la pobreza, ha sido capaz de acceder al cine, al arte japonés y a los clásicos de la literatura (y no porque sea imposible, sino porque la película no da ninguna pista de cómo ha podido ocurrir). Frente a ella, la amabilidad de Togo Igawa como un perfecto Kakuro Ozu, y la repelencia de Garance Le Guillermic como la irritante Paloma Josse completan el cuadro de una película mucho menos trascendente de lo que ella misma se cree, y que sin Josiane Balasko habría naufragado en el mar de la mediocridad.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Escenas de “El erizo” – Copyright © 2009 Les Films des Tournelles, Pathé, France 2 Cinéma, Eagle Pictures y Topaze Bleue. Fotos por Thomas Brémond. Distribuida en España por Alta Classics. Todos los derechos reservados.



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1 - Tatiana - 15:46 - 25.04.11

En mi opinión la película La elegancia del erizo sigue la historia de Paloma Josse, una niña de once años que está convencida que la única manera de escapar su destino, ser un pez en una pecera, es matarse. Al mismo tiempo, una vieja gruñona vive solitariamente como la portera de un edificio para los ricos de Paris. Ella sienta el molde de una portera perfectamente, pobre, triste, enojada, con un gato gordo. Pero, tan bien vive una vida secreta, leyendo libros y mirando películas intelectuales, algo que una potera no hace.
Las dos mujeres están muy decididas del camino que quieren toma con sus vidas, o por lo menos lo estaban hasta que conocieron a Monsieur Ozu. Este hombre japonés puede ver a estas mujeres por las personas que son, y no la imagen que presentan. Cuando conoce a Paloma, realmente ve la inteligencia de esta niña y la acepta. No como los otros adultos que no la toman enserio, o la corrigen cuando ella tiene la razón. Tan bien se da cuenta que Renée, la portera, en realidad es mucho más culta que todos los otros ricos que la desprecian.

Me parece que la película muestra las relaciones de los personajes muy superficialmente. El espectador se siente más como otro personaje viendo la situación por afuera en vez de cómo una persona que sabe algo más allá de lo que se habla. La película es linda como historia, pero lo que se ve está limitado al edificio donde viven los personajes. En fin, so podría haber hecho mucho más con esta historia.



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