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«El gran Gatsby»: Todo por un sueño

Críticas

«El gran Gatsby»: Todo por un sueño

«El gran Gatsby», conserva el tono literario de F. Scott Fitzgerald, mientras que el poderío visual del director Baz Luhrmann y su imaginación hacen el resto. Una película manierista y espectacular.

La novela de Francis Scott Fitzgerald vuelve a ser llevada al cine, en esta ocasión por un Baz Luhrmann que ofrece fuegos de artificio que acaban por convertirse en un melodrama pesado y convencional. En «El gran Gatsby» (ver tráiler y escenas) asistimos a la historia de un hombre que tenía el don de esperar siempre lo mejor, de ascender continuamente en su lucha por un sueño. Así lo recuerda Nick Carraway al escribir su semblanza y desvelar al espectador la enigmática identidad de un joven que quería recuperar el pasado y que estaba convencido de poder lograrlo. Nadie le conoció como Nick, y solo él fue capaz de romper esa máscara de apariencia y esplendor para penetrar en un alma vacía e infeliz.

Por momentos, también Luhrmann quiere repetir el pasado y traer el ambiente frívolo y frenético de «Moulin Rouge» (2001) al corazón de la Nueva York de los años veinte. Un montaje desenfrenado, movimientos de cámara ostentosos y aceleraciones artificiosas, una puesta en escena barroca, un deslumbrante diseño de producción y una coreografía caótica se suceden para recrear un mundo de vaciedad, quizá queriendo reflejar el corazón de ese anfitrión llamado Gastby que organiza fiestas multitudinarias y que se hace de rogar para aparecer ante la cámara. La película tarda en entrar en la vida de los personajes, y cuando lo hace es a base de excesos estilísticos —no solo de flores y camisas— y de retratos satíricos que rayan lo caricaturesco. Cuando decide desvelar el pasado de Gastby y Daisy, intenta cargarse de dramatismo pero nunca alcanza profundidad ni emoción. El director necesita explicar una y otra vez el motivo de esas bacanales y la necesidad de atrapar esa luz verde, y remarca insistentemente el carácter de espejismo dorado que alienta al soñador.

El aparato manierista y espectacular que levanta Luhrmann responde a una irresistible imaginación y a un espíritu megalómano semejante al del gran Gastby. En ellos hay un juego obsesivo por mostrar el vacío a través del recargamiento, como queriendo potenciar el sentido de soledad rodeándose de multitudes que son nadie. Paradojas de una apariencia de éxito que esconde el mayor de los fracasos, que Nick acierta a descubrir y poner por escrito. Buen trabajo de Tobey Maguire al saber estar dentro y fuera de la escena, como buen cronista y discreto amigo. También Leonardo DiCaprio arranca momentos que revelan esa crisis existencial, ocultando la verdad de Gastby o estallando cuando se desenmascara sus humildes orígenes y pierde los nervios. La elección de Carey Mulligan parece un error de casting, aunque cumple con su personaje, mientras que el papel de Joel Edgerton no escapa del estereotipo más simple.

Por otro lado, el tono literario de F. Scott Fitzgerald queda salvaguardado con esa voz en off de Nick, mientras que el poderío visual del director y su desbordante imaginación hacen el resto. Acierta Luhrmann a no desviarse con subtramas de corrupción y contrabando de alcohol, lo mismo que al no recargar su discurso acerca de un amor o una fama que atan o liberan al fantasma obsesionado con ser el centro de todo. Una historia de soledad y búsqueda de felicidad, de fuegos de artificio y espejismos vacuos, donde un hombre quema su vida por un sueño y termina convirtiéndose en icono de la decadencia.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de «El gran Gatsby 3D (2013)», película distribuida por Warner Bros. Pictures International España © 2013 Warner Bros. Pictures, Village Roadshow Pictures, A&E Television, Bazmark Films y Red Wagon Productions. Todos los derechos reservados.

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