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«El gran hotel Budapest»: Pasándolo bien

Críticas

«El gran hotel Budapest»: Pasándolo bien

La filmografía de Wes Anderson eclosiona en una propuesta tremenda, tan impoluta en su puesta en escena como delicada, tierna e inteligente en sus contenidos. Creativamente infinito, un trabajo fundamental y distinto a todo.

Zero Moustafa (F. Murray Abraham) relata su historia ante la curiosa mirada de un joven escritor (Jude Law). Es una historia que merece ser contada: de cómo siendo un chaval (Tony Revolori) se ganó el afecto y la simpatía eterna y familiar de Monsieur Gustave (Ralph Fiennes), gerente de un edificio único y genial. Wes Anderson sigue la línea (relativamente) aperturista de su cine iniciada con «Moonrise Kingdom» (2012) con «El gran hotel Budapest» (ver tráiler), colosal eclosión artística y sentimental de una filmografía sencillamente irrepetible. Una maravilla tan cercana y distante del público general como es habitual en el cineasta americano, otro paso adelante en una carrera de final verdaderamente imposible de atisbar en su creatividad.

Ralph Fiennes y Tony Revolori en "El gran hotel Budapest"

«¿Por qué quieres ser botones?». Anderson nos da la bienvenida a su casa de muñecas y nos invita, si no a jugar con él, sí al menos a ver cómo juega. Y cómo se lo pasa y nos lo hace pasar. Emocional, melancólica, limpísima en sus formas y salpicada de una sordidez entre lo sutil y lo abiertamente aberrante ─si uno se para a pensar─, la propuesta se convierte desde su mismo arranque en una extraordinaria fusión de elementos y pulsiones tan atractivas como mágicas. Con el habitual tono atravesado marca de la casa el espectador se rinde a una puesta en escena maravillosa y técnicamente irreprochable, que combina la energía física propia del cine mudo, el ritmo de la comedia loca y la inteligencia de la sátira nostálgica y la conciencia combativa.

Tony Revolori y Saoirse Ronan en "El gran hotel Budapest"

Quizá sea «El gran hotel Budapest» la película en la que Anderson más deja fluir la ternura de sus personajes, todos ellos tan imposibles como reconocibles en su humanidad. Ralph Fiennes está simplemente colosal dibujando uno de los mayores iconos de la contención y la elegancia del cine reciente, al frente de un reparto tremebundo en el que podemos destacar, por la dificultad que requiere siquiera el hacerse notar ante tanto monstruo, el trabajo del joven Revolori. Todos corren, saltan, se desean, se persiguen y se observan en un marco excepcional, en un ambiente belicoso e inquietante pero tan dulce en su pureza que resulta imposible no dejarse llevar. Reservad vuestra habitación.

Calificación: 9/10

Imágenes de “El gran hotel Budapest” © 2014 American Empirical Pictures. Todos los derechos reservados.

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