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«El gran Stan: El matón de la prisión», sólo apta para fans de Rob Schneider

Críticas

«El gran Stan: El matón de la prisión», sólo apta para fans de Rob Schneider

Que Rob Schneider debute tras la cámara no era, ni es, una noticia que vaya a dar un vuelco al género de la comedia. Género, por cierto, maltratado con demasiada frecuencia, y al que ciertas películas protagonizadas por el mismo Schneider han hecho flaco favor. «El gran Stan: El matón de la prisión» quizá habría suscitado una atención mayor si su humor hubiese situado a su autor en coordenadas distintas a las que nos tenía habituados. Pero es algo que, por lo visto, no entra de momento en los planes de Schneider.

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Y no debería sorprendernos. Schneider, como cómico, se ha ganado su público y no renuncia al mismo humor que le ha servido para fidelizarlo. Repite receta y, además, añade un ingrediente clave para captar una audiencia más amplia y con afán de ver a David Carradine parodiándose a sí mismo en los menesteres de maestro de artes marciales. De hecho, esta es la parte más agradecida en una comedia mediocre como la que tenemos entre manos: ver a Carradine como un estrafalario maestro venido a menos que acepta, sin muchos reparos, transmitir todas sus enseñanzas a un estafador inmobiliario que debe afrontar varios años de prisión y, por consiguiente, aprender a defenderse para evitar ser violado. El primer tramo de la cinta se centra en la manera en la que el susodicho maestro, que se hace llamar así, ‘el Maestro’, se inmiscuye en la vida diaria de Stan (Schneider) y Mindy (Jennifer Morrison). El proceso de entrenamiento contempla un amplio catálogo de torturas absurdas de parte de Carradine a Schneider, que pueden llegar a contagiar levemente en el divertimento del que goza el primero. Sin embargo, ya por entonces adivinamos el tono y los derroteros que están por venir y que tardan poco en confirmarse.

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«El gran Stan: El matón de la prisión» explota un humor que se las da de irreverente y políticamente incorrecto a costa de estereotipos étnicos o tabúes como la violación en las prisiones. Pese al aderezo del conjunto con un buen puñado de chistes con carga sexual, el cómputo global acaba desmintiendo que estemos ante una película transgresora, cafre o con suficiente mala leche para destacarse con entidad propia. Muy al contrario, lo que en realidad supone es una previsible y nada original comedia en la que el buen corazón del protagonista acaba (típicamente) por establecer un orden ejemplar y un ambiente idílico a su paso, desde lo carcelario a lo familiar. Así, los intentos de gross-out comedy nunca llegan demasiado lejos y la cinta pierde su principal baza para desmarcarse de otros productos similares. Los escasos aciertos los encontramos en los guiños de Schneider a Bruce Lee, o en apuntes muy concretos (la idea de meter a una secta de cienciólogos entre rejas), pero no son suficientes para levantar un producto predecible e incapaz de ofrecer nada nuevo.

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Por tanto, este nuevo título marca pocas diferencias respecto a otras comedias anteriores de Rob Schneider. Poco importa que esté dirigida por él mismo, pues igualmente se trata de un vehículo entregado al lucimiento de su estrella y su incorrección a medias. Eso sí, contentará con toda certeza a sus seguidores con dosis ingentes de su particular humor.

Calificación: 3/10

En las imágenes: Fotogramas de «El gran Stan: El matón de la prisión» – Copyright © 2007 Crystal Sky Pictures, Silver Nitrate Films, Chicago Entertainment Partners y From Out Of Nowhere. Distribuida en España por Aurum. Todos los derechos reservados.

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