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«El hijo de Rambow»: Juegos de guerra

Críticas

«El hijo de Rambow»: Juegos de guerra

En 1982, «Rambo: Acorralado» se erigió como un hito de la pantalla acorde al contexto de la era Reagan. El efecto que la película de Ted Kotcheff ejerció sobre toda una generación es, en buena medida, equiparable al irreversible impacto que va a ejercer sobre el pequeño Will Proudfoot (Bill Milner) en «El hijo de Rambow», segunda incursión en la dirección de Garth Jennings.

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Will es educado bajo un ambiente de asfixiante devoción cristiana, impuesta por su madre hacia una congregación que le prohibe televisión, música y demás elementos que propicien el corrompimiento de su alma. Sin embargo, tras conocer al renegado gamberro de su colegio, Lee Carter (Will Poulter), Will ve accidentalmente una copia pirata de «Rambo: Acorralado», y toda la creatividad confinada hasta entonces a su cuaderno particular, estalla en dosis ingentes de cine casero y desbordante imaginación. A partir de aquí, «El hijo de Rambow» es mucho más que amor incondicional al cine, al acto mismo de crear desde cualquier condición (tal como lo proclamara Michel Gondry en «Rebobine, por favor»): es la reivindicación de la imaginación ilimitada de la infancia, el derecho a una improbable amistad que puede llegar a suplir la pérdida de un padre con la ganancia de un hermano de sangre. Por supuesto, el hecho de que la secuela que Will y Lee preparan se centre en el hijo de Rambo buscando a su capturado padre, es también un ejercicio inconsciente de búsqueda por parte de sus dos protagonistas.

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Jennings realiza una película entrañable, divertida y levantada con un imaginario visual envidiable (no por casualidad su nombre se esconde tras algunos de los videoclips de R.E.M. o de Blur). La emotividad que emana su trama florece de manera natural cuando habla de los lazos de amistad que unen a los dos niños, hasta tal punto que la previsible crisis de la misma, que advendrá hacia el final del metraje, acaba resultando lo más forzado e increíble de la cinta. Sin embargo, y pese a cierta torpeza dramática en esos momento, la comedia de Jennings acaba remontando el vuelo hacia un obligado final que, con una simple recapitulación, acaba ganándose al público. Antes de todo esto, encontramos una reinvención del universo escolar en clave andersoniana (entiéndase Wes, no Paul Thomas), otorgando a los diferentes miembros de la variopinta fauna que lo puebla papeles adultos que dan con estampas realmente inspiradas (sin ir más lejos, la escena de la fiesta).

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En resumidas cuentas, «El hijo de Rambow» es una muy recomendable comedia de corte indie capaz de hacer reír, emocionar y sorprender sin mucho esfuerzo, porque lo hace a partir de una historia que respira y contagia de cine e ilusión por sus cuatro costados. Un inteligente recordatorio de la grandeza de este arte, incluso en sus más pequeños reductos.

Calificación: 7/10

En las imágenes: Escenas «El hijo de Rambow» – Copyright © 2007 Paramount Vantage, Hammer & Tongs, Celluloid Dreams, Good, Reason Pictures, Arte France Cinéma, Network Movie, y Soficinéma 2 & 3. Fotos por Maggie Ferreira. Distribuida en España por Paramount Pictures Spain. Todos los derechos reservados.

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