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“El incidente”: Shyamalan huye de su propia sombra

Críticas

“El incidente”: Shyamalan huye de su propia sombra

La sección de ciencia y medio ambiente del periódico ocupa un espacio intermedio, cerca de los anuncios por palabras y los temas menores, regionales o culturales. En los telediarios alimenta informes esporádicos, y en la radio programas de franja imposible y público minoritario. Entre las alertas apocalípticas y la manera en que arrinconamos a la naturaleza, M. Night Shyamalan se posiciona en el mismo lugar: entre la comercialidad y la autoría, la serie B y la perfección técnica.

“El incidente” no arrima el hombro a ninguna de las previsiones lanzadas sobre ella: no es un encargo de estudio ni un retorno a los orígenes que encumbraron al director indio tras “El sexto sentido” (1999). Porque Shyamalan ha vuelto a arriesgarse el pellejo, demostrando la escasa importancia que concede al vapuleo de “El bosque” (2004) o “La joven del agua” (2006), actitud que le honra al mismo tiempo que lo sitúa en una encrucijada difícil para el futuro, en caso de que definitivamente pierda todos los apoyos y la financiación que le permita continuar su libertad creativa.

Su nueva película, breve, compacta y perturbadora, arranca con unos créditos que explicitan el homenaje directo a unas maravillosas cintas de ciencia ficción y terror que espeluznaron a los espectadores de la década de los cincuenta y que a los actuales, desencantados y pasados de vueltas de todo, despiertan una hilaridad no exenta de ternura. Shyamalan sabe que puede jugar con esos dos sentimientos, y los aprovecha en una historia que será incomprendida por los desconocedores de sus referentes cinematográficos o, una vez más, quienes pidan peras al olmo. Lo digo desde el principio: no hay una gran sorpresa final, trucaje que ya se antojaba prescindible. La conocida elegancia del realizador a la hora de narrar sus historias es sustituida por una brutalidad mecánica que engarza escenas lineales, un tirar hacia delante que no debe ser confundido con simpleza estructural. Las víctimas de las paranoias clásicas, ahora actualizadas a nuestros nuevos miedos ecológicos —las abejas desaparecen, las plantas se rebelan, el viento enajena, a lo Sjöström—, siempre se caracterizan por dejar sus problemas personales en un segundo plano y hacer frente a la amenaza en una carrera o un encierro sin sentido.

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Elliot (Mark Wahlberg), profesor de ciencias que se enfrenta a la realidad como a un experimento de aula, huye en tren junto a su esposa Alma (Zooey Deschanel), su mejor amigo (John Leguizamo) y la hija de éste (Ashlyn Sanchez). Desde el agobio del tren hasta la soledad de un páramo, Shyamalan toca todos los palos del género: las persecución campo traviesa, el desconcierto de las matanzas colectivas, los refugios que no se abren y aquéllos que se convierten en aún más peligrosos focos de histeria. Y sin perder un ápice de humor, de distanciamiento visual, que al mismo tiempo contamina de una inquietud abundante. Esa paradoja de “El incidente” puede constituir el origen de su rechazo generalizado: Shyamalan, por primera vez, cuestiona sus propios métodos, manipula a sus personajes como criaturas lobotomizadas a sus órdenes —Wahlberg y Deschanel no son los actores más expresivos del mundo, pero su presencia viene muy bien para el tono de la película—, mientras de fondo continúa latiendo ese espíritu romántico y contrautópico que estalla al final, en un clímax y un fundido a negro cargados de ilusión rota.

Nunca hasta el momento habíamos visto imágenes tan explícitas en la filmografía del cineasta, más bien dado al fuera de campo, una crudeza que subraya la fascinación de lo increíble —los personajes no dudan en compartir por móvil los vídeos horripilantes que ha grabado un conocido—. El impacto de la primera secuencia —que da una vuelta de tuerca a las flash mob tan de moda—, reforzado en otra posterior y ejemplar con un encadenado de suicidios mediante una pistola que pasa de mano en mano, da paso al relato tenso de Elliot y Alma, con magníficos golpes de efecto que despiertan la violencia en la tranquilidad del campo —el porche de la casa cerrada o la vieja loca que parece calcada de algún giallo—.

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Una mezcla de “Los pájaros” (1963) —con final abierto incluido— y “Sospecha” (1941) —el uso de pequeños MacGuffin que despistan al espectador, como el anillo o el columpio que chirría—, los inventos de Hitchcock en manos de un gamberro que filma un producto tan divertido como estremecedor. Relectura de Shyamalan antes que de la serie B, “El incidente” desconcierta y da lecciones visuales, provocará muchos bostezos y enfados y pocas sonrisas cómplices. No pasa nada, aunque con ello el director corra el riesgo de convertirse en un autista de Hollywood. Tal vez destino inevitable, como el de la sociedad que refleja la película, obligada a la ruptura y a la vida aislada de los demás para la supervivencia. Y entre morir o sobrevivir, Shyamalan lucha por lo segundo antes de hacer lo primero con la cabeza bien alta.

Calificación: 8/10.

En las imágenes: Fotogramas de “El incidente” – Copyright © 2008 20th Century Fox, UTV Motion Pictures, Spyglass Entertainment y Blinding Edge Pictures. Fotos por Zade Rosenthal. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.

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