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«El lince perdido»: Banderas de nuestros hijos

Críticas

«El lince perdido»: Banderas de nuestros hijos

Que en el hipercompetitivo escenario en que se ha convertido el campo de la animación cinematográfica, haya una iniciativa íntegramente española dispuesta a lidiar con los grandes buques-insignia del género que vienen del otro lado del charco —y, además, en su mismo terreno (lanzamiento en fechas navideñas), y a pecho descubierto (los presupuestos en promoción no resistirían la más audaz de las comparaciones)—, denota un coraje enorme, en cuya consideración no deberían ser óbice ni el que un nombre de relumbrón (como es el de Antonio Banderas) dé su respaldo a la iniciativa o que haya un más que generoso soporte institucional a la producción por parte de diversos estamentos públicos. “El lince perdido” da la batalla, y lo hace con dignidad y suficiencia. No crean que es poca cosa, dado el calibre del “contrincante”.

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«El lince perdido», no obstante, tampoco se trata de una propuesta que pueda calificarse como de una calidad excepcional. Su factura formal, ciertamente, no desmerece excesivamente de las grandes producciones que, en una loca carrera, se han lanzado a manufacturar los grandes estudios usamericanos en estos últimos años, y revela que el esfuerzo de producción (con sus consiguientes costes económicos) ha sido intenso, poniendo al servicio del talento técnico (innegable, a la vista de los resultados) de los creadores, el arsenal tecnológico necesario para poner en pie un producto bastante solvente. Pero el aspecto narrativo sí que adolece de ciertas fallas, radicadas, sobre todo, en la falta de originalidad de un planteamiento argumental que mezcla, en dosis casi de recetario farmacológico, elementos de acción, aventura, suspense, drama y romance, y en un diseño de personajes que, más allá de la obvia simpatía que pueden despertar (especialmente, los animalitos), peca también de una excesiva atención a los cánones del género.

Desde los protagonistas animales, encabezados por ese lince Félix cuyo “itinerario de iniciación vital” tiene, al menos, la “cortesía” de no resultar inverosímil por excesivo (no tenemos aquí al típico peluche que empieza como dulce gatito para terminar convertido en feroz y omnipotente felino), hasta los humanos (con un “malo maloso” casi canónico, tanto en su aspecto externo como en las maneras con que se mueve), todo el espectro se atiene a un arco bastante arquetípico y convencional, lo cual simplifica muchísimo la historia, facilitando, con ello, su comprensión por un público infantil de corta edad, pero privándola, por otro lado, de cierto grado de atractivo para un público más general (o sea, las familias acompañantes, para entendernos…). No es ésta una producción en la que, más allá de algún apunte muy esporádico (esa escena, muy lograda en lo cómico, en la que el camaleón Gus hace de “figurante pictórico”, a base de sus dotes de mimetización; o el flashback en que el viejo Noe explica cómo llegó a armar su, por otro lado no demasiado claro, proyecto de “salvación animal”), se haya buscado un arco amplio de espectadores. Y ésa, quizá, sea otra de sus fallas más apreciables.

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En lo que “El lince perdido” sí que apunta a una altura bastante estimable es en la exquisitez con que refleja algunos de los parajes naturales más hermosos y significativos de entre los abundantes sitios de ese carácter existentes en Andalucía. Desde Doñana, “epicentro” argumental del film, hasta las costas del Cabo de Gata, pasando por las playas de Tarifa o el Torcal de Antequera, el abanico de escenarios naturales trasladados al formato digital (y en este capítulo sí que se puede decir que el rubro técnico roza lo primoroso) es tan amplio como magníficamente conseguido. Y discenir hasta qué punto esto obedece a una determinación artística pura y dura, o a una concesión hacia los “patrocinadores del evento”, más allá de lo curioso que pueda resultar, es poco significativo desde el punto de vista de su disfrute: da gusto ver esos lugares tan bella y cariñosamente tratados y pixelados en la pantalla.

Como pueden ver, amigos lectores, algunas de cal, algunas de arena, para una calificación global que se puede concretar en algo más que un aprobado. Si “El lince perdido” va a constituir un primer hito, un punto de referencia, a partir del cual se abrirá una línea, una tendencia; o si, por el contrario, será una raya en el agua, algo episódico, una anécdota en el historial de la animación digital del cine de nuestro país, es algo que sólo el tiempo y los acontecimientos nos podrán desvelar. Mientras tanto, y por si acaso, algunos podremos decir algún día, “yo sí, yo la ví”; no pierdan la oportunidad de hacer lo mismo…

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de «El lince perdido» – Copyright © 2008 Kandor Moon y Perro Verde Films. Distribuida en España por Aurum. Todos los derechos reservados.

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