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«El nombre (Le prénom)»: Secretos (y disculpas) de familia

Críticas

«El nombre (Le prénom)»: Secretos (y disculpas) de familia

«El nombre (Le prénom)» es una divertida película de cámara. Una cinta pequeña que se ve con gusto y que entretiene, que pivota sobre un ágil guion de enredos y cuatro interpretaciones que dan frescura a sus simpáticos personajes.

Estamos en familia para celebrar la próxima paternidad de Vincent. A la espera de que llegue su mujer Anna, le acompaña su hermana Élizabeth con su marido Pierre, y también Claude, un amigo de la infancia. Todo es alegría y buen humor en el ambiente, hasta que Vincent les comunica que ha pensado poner a la criatura el nombre de Adolfo, cosa que no sienta nada bien a la concurrencia al verse como una referencia a Hitler. Lo que era una cena amigable se convierte de pronto en discusión acalorada y violenta, en secuencia de equívocos, confesiones y pullas encadenadas que revelan una realidad desconocida. Esa es la historia de «El nombre (Le prénom)» (ver tráiler), que cuenta con todos los elementos de la comedia de enredo, donde la ligereza permite hablar de asuntos serios, y donde la susceptibilidad y el rencor dan la mano al amor y al perdón.

Matthieu Delaporte y Alexandre de La Patellière construyen una divertida película de cámara —inspirada en la obra teatral homónima—, con una acción que no sale de las paredes de la casa de Élizabeth y Pierre. Allí se destapa la caja de los truenos familiares para sacar a la luz viejos rencores y secretos inconfesados, para darnos todo un repertorio de juicios viscerales y de comentarios de lo más inoportunos. En un santiamén, queda clara la facilidad del individuo para sacar las cosas de quicio y complicarse la vida, para generar tragedias a partir de las cosas más nimias e intrascendentes, para convertir lo anecdótico en un nuevo motivo de discusión. Todo sucede muy rápido porque los afilados diálogos se cruzan sin que nadie actúe de moderador, porque las reacciones se suceden sin el freno de mano echado, encadenando invectivas que reflejan lo peor de cada uno y también lo mejor. Es cierto que falta sutileza y sobra efectismo en la historia, que se subrayan en exceso las situaciones cómicas y los caracteres esquemáticos, que el recurso a varios insertos en flashback son un camino fácil y desentonan del tono general, pero la cinta atrapa al espectador y le hace pasar un rato agradable.

Por otro lado, el guion es fluido y concede a cada personaje su momento de gloria, aquel en que se quita la careta y es él mismo. En su dinamismo y chispa, consigue que el espectador vaya de la sorpresa a la risa, y de ésta a la compasión con facilidad. Nada en grave porque el tono amable se mantiene —en ese sentido se distancia de «Un dios salvaje» (Roman Polanski, 2011), con la que guarda cierta similitud—, porque (casi) todas las discusiones son triviales y solo se rompe algún que otro plato. Pero la historia sí deja clara la necesidad de ser prudentes al hacer juegos de palabras que pueden herir o llevar al equívoco —Pierre es profesor de literatura, y eso se nota—, lo mismo que la conveniencia de pedir perdón cuando se mete la pata hasta el fondo y el orgullo impide reconocerlo. Cada personaje queda retratado con rasgos estereotipados en sus reacciones primarias: un retorcido e irritante Pierre, un cobarde y complaciente Claude, o un narcisista y rácano Vincent dejan en buen lugar a Élizabeth y Anna, que saben estar en su sitio aunque también tienen su genio. Por eso, las mujeres salen mejor paradas que los hombres, más juiciosas y sensatas, y especialmente Élizabeth aporta su reivindicación femenina por toda una vida de silencio y abnegación.

Hay rencillas, equívocos y prejuicios lanzados como dardos que hieren en lo más íntimo. Y sin embargo, todos esos conflictos son vistos como problemillas de familia porque las disculpas, muecas y pucheros siempre terminan por transformar esas piedras del camino en ocasión para reírse de uno mismo, y entonces la tragedia se convierte en comedia entrañable. Al fin y al cabo, en qué familia no hay algún que otro secreto, alguna que otra afrenta silenciada, alguna que otra palabra dicha a destiempo. Y, a la hora de la verdad, ahí están todos para poner el verdadero nombre al niño(a) que nace. «El nombre (Le prénom)» es una pequeña película que se ve con gusto y que entretiene, que pivota sobre un ágil guion de enredos, y también sobre cuatro interpretaciones que resultan decisivas para dar frescura a sus simpáticos personajes, con una Valérie Benguigui que destaca por su fuerza y desparpajo.

Calificación: 6/10


Imágenes de “El nombre (Le prénom)”, película distribuida en España por Vértigo Films © 2012 Chapter 2, Pathé, TF1 Films Production, M6 Films, Fargo Films y Nexus Factory. Todos los derechos reservados.

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