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«El pastel de boda»: Que sean felices… si pueden

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«El pastel de boda»: Que sean felices… si pueden

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Otra pareja que las pasa canutas durante su enlace gracias a los familiares de ambos. Denys Granier-Deferre vuelve a la dirección tras veinte años dedicados a la pequeña pantalla, donde es más que probable que regrese ipso facto.

Bérengère (Clémence Poésy) y Vincent (Jérémie Renier), guapos, jóvenes, enamorados, contraen matrimonio en un apartado e idílico rincón campestre. Obviamente, el enlace es caldo de cultivo para todo tipo de situaciones protagonizadas por sus familiares, amigos y, a la postre, por ellos mismos. Más de veinte años ha tardado Denys Granier-Deferre en volver a colocarse tras una cámara fuera del ámbito televisivo. El motivo de su retirada, su encontronazo con público y crítica con “Blanc de Chine” en 1988; ahora, tras triunfar desde la pequeña pantalla, parece haber reunido el coraje para enfrentarse al respetable con “El pastel de boda”, adaptación del best seller “Pièce montée”, de Blandine Le Callet.  La verdad, tampoco va a reportarle grandes loas.

Y es que sobre un tema tan trillado como el que presenta la historia, poco se puede aportar si no se está dispuesto a correr riesgos notorios. Así, el principal instrumento de que dispone el director es la acomodada posición social de las familias de los contrayentes, hipócritas, falsas, desencantadas, plenas en lo material pero vacías en lo emocional. Hay excepciones, claro, más o menos excéntricas, más o menos simpáticas, más o menos evidentes. Pero el palco no tiene mucho donde agarrarse ante un plantel en el que no falta la abuela simpática a punto de pasar a mejor vida, la tía solterona, la prima destartalada que se descubre a sí misma en brazos de quien menos espera, los suegros insoportables, los hijos incontrolables y espontáneos… todo ello coronado por un párroco de carácter voluble (Jean-Pierre Marielle) que convertirá la ceremonia en un ácido jolgorio a celebrar desde el patio de butacas.

Visto el panorama, pocas dudas caben respecto a la actitud que ha de tomar el espectador que, conscientemente ─no despierta ambigüedades, ni lleva a desengaños artísticos la propuesta─, dedica noventa minutos de su tiempo a descubrir cómo terminará esta aventura marital; sin embargo, lo que resulta de largo más irritante es la utilización de pobrísimos simbolismos por parte del cineasta, empeñado en dotar a una propuesta tan corriente como esta de fulgores que eleven su propia concepción. Así, la secuencia inicial ─el pastel se rompe y hay que reconstruirlo─, la serpiente que hace las funciones de mascota del cura atormentado presa de la tentación, y otros tantos ejemplos de simplismo alegórico que terminan por enervar la retina del observador. Aún con todo, sinceramente, deseamos a los protagonistas que sean felices y coman perdices. Pero sin tanta floritura vacía, por favor.

Calificación:
3/10

En las imágenes: Fotogramas de “El pastel de boda” © 2010 France 3 Cinéma, Panache Productions, TPS Star, France Télévision y La Compagnie Cinématographique Européenne. Distribuida en España por A Contracorriente Films. Todos los derechos reservados.

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