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«El secreto de la última luna»: Fantasía sin maravilla

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«El secreto de la última luna»: Fantasía sin maravilla

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Aunque a la historia de base no le falta imaginación, la película sí carece de esa capacidad para la maravilla exigida al fantástico infantil. Pese a entretenida, «El secreto de la última luna» tiene una pobre dirección y manejo de los tiempos.

«El secreto de la última luna» adapta la novela fantástica infantil «El pequeño caballo blanco», libro de cabecera en la infancia de la escritora J.K. Rowling (autora de la saga literaria «Harry Potter»). La británica ha alabado el texto que Elizabeth Goudge escribiera en 1946, y el resto es cosa de la siempre oportunista promoción: la película aprovecha la adoración de Rowling a la novela y encabeza su cartel con un conveniente (y falso) eslogan, «Descubre la Historia que inspiró a Harry Potter».

El reclamo se vuelve en contra de esta co-producción europea que llega tarde, a destiempo. Pasadas ya las glorias mayores del género, los tiempos en los que cada adaptación disfrutaba de su magnetismo, «El secreto de la última luna» no parece una probable inspiración de la serie del mago de Hogwarts, sino un descuidado exploit que viene a recoger las últimas migajas de su éxito. Por tanto, la comparación ni siquiera es pertinente, sobre todo desde el momento en que la cinta de Gabor Csupo carece de ese mínimo sense of wonder que se le exige para empezar a negociar en el territorio de los sueños, de la fantasía. La historia de partida no adolece, en ningún caso, de falta de imaginación o bases para la maravilla, ni siquiera de oscuridad suficiente para dejar entrever un relato adulto. Pero sí lo hace el resultado final, demasiado indeciso entre estéticas hiperrealistas y otras rayanas en el kitsch, demasiado lastrado por la pobre dirección, a menudo evidenciado por infortunados efectos visuales.

Csupo, realizador de origen húngaro cuyos únicos créditos pasan por la realización de «Un puente hacia Terabithia» (2007) y el corto de animación «Dance» (1980), coarta las posibilidades de ese relato mediante un nulo manejo del timing, alimentado constantemente de la gratuidad de recursos (la cámara rápida, las ralentizaciones) y entregado a un ritmo indefectiblemente rápido, constante (no importa cuales sean las necesidades dramáticas de cada escena) que deja al producto a un solo paso de la impersonalidad. Al menos, «El secreto de la última luna» es llevadera, efectiva como entretenimiento sin muchas pretensiones y raro punto de encuentro entre una prometedora Dakota Blue Richards y unos desaprovechados Ioan Gruffudd, Tim Curry y Natascha McElhone, que intentan, sin éxito, sobreponerse a la baja configuración de sus respectivos personajes.

Calificación: 5/10

En las imágenes: Fotogramas de “El secreto de la última luna” – Copyright © Warner Bros. Pictures, Velvet Octopus, UK Film Council, Forgan/Smith Entertainment, Spice Factory, LWH Films, Eurofilm Studio y Davis Films. Distribuida en España por New World Films. Todos los derechos reservados.

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