“El secreto de sus ojos”: Juan José Campanella deja a un lado el almíbar

Escrito por el 28.09.09 a las 18:29

Alejado de experimentalismos y plegándose a las normas consagradas del cine de sentimientos, Juan José Campanella consigue una película cuyo simbolismo y metáfora, aunque presentes, no se traducen en una trascendencia empalagosa.

Las últimas películas de Juan José Campanella habían encendido todas las alarmas: tras el megaéxito de “El hijo de la novia”, sus posteriores entregas parecían instaladas en la fórmula, en la búsqueda cada vez menos sutil de la lágrima y la complicidad de un espectador que, por esta causa, por darse cuenta de lo barato que pretendía comprar su emoción, terminaba inevitablemente distanciado. Uno empezaba a temer que, de manera definitiva, Campanella hubiese perdido en algún lugar su talento, cuando se estrena “El secreto de sus ojos” (injustísimo olvido en San Sebastián) y nos alegramos de reencontrarnos ante un cineasta firme, capaz de levantar una obra que nos llegue muy adentro, que sin abdicar del aliento clásico que recorre la filmografía de su autor, logra en este caso sus objetivos. Y cuando Campanella consigue eso, consigue mucho.

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Parecería que “El secreto de sus ojos” supone un giro radical respecto a las obras anteriores de su director, pero en realidad hay más similitudes de las que pueda parecer. Abandona la comedia romántica con toques dramáticos, es verdad, para dejarse llevar más por una historia llena de aristas, la de un jubilado funcionario de Justicia que decide escribir una novela sobre un caso no resuelto treinta años atrás, y cuyas consecuencias llegaron a cambiar toda su vida, obligándole a dolorosas renuncias y a una existencia aletargada en la que nunca consiguió lo que más deseaba. Con un pie en la Argentina de los años de plomo (pero sólo con las referencias justas para situarnos en una época en la que la inestabilidad política abriría las puertas a la llegada de la dictadura) y otro en nuestros días, Campanella va tejiendo un complejo tejido de culpas, remordimientos, ansias calladas y silencios.

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Porque quizá aquí radique una de las razones que elevan a “El secreto de sus ojos”: Juan José Campanella es un estupendo dialoguista, eso nadie lo duda, pero en sus últimas entregas eso había derivado en una excesiva logorrea de sus personajes, en una acumulación de frases nacidas con vocación de perdurar que, sin embargo, terminaban siendo cargantes. Aquí, por el contrario, tan importantes como los diálogos (soberbios) son los silencios, las miradas, lo no expresado… Y ello sólo puede ser posible cuando se cuenta con actores tan formidables como Ricardo Darín, Soledad Villamil y un antológico Guillermo Francella. En ellos, el paso del tiempo resulta creíble sin aparatosos maquillajes y postizos (aunque en el caso de algún que otro personaje, no cabría decir lo mismo), que hacen de cada nueva escena un regalo, que sus palabras sean literalmente bebidas por el espectador.

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Si a eso añadimos alguna secuencia de un atrevimiento técnico al que estamos poco acostumbrados en nuestro cine (la del estadio), nos encontramos con una obra muy grande, de las destinadas a perdurar, esta sí, en el recuerdo. Alejado de cualquier experimentalismo, plegándose a las normas más consagradas por el siglo y pico de cine de sentimientos, Campanella consigue una película cuyo simbolismo y metáfora, aunque presentes, no se traducen en una trascendencia empalagosa. Cine para disfrutar, para dejarse absorber durante dos horas, especialmente recomendado para todos los que huyen en el sentido contrario de donde se exhiba una película de habla hispana. No importa el acento ni su procedencia: sólo tener la suerte de disfrutar, sin el tamiz de la traducción, de las interpretaciones de este glorioso trío, sería razón suficiente para una larga estancia de la película en la cartelera. Pero, afortunadamente, no es la única. Bienvenido de nuevo, Juan José.

Calificación: 8/10

En las imágenes: Escenas de “El secreto de sus ojos” – Copyright © 2009 Tornasol Films, Haddock Films y 100 Bares Producciones. Distribuida en España por Alta Classics. Todos los derechos reservados.



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6 - Fresa Salvaje - 17:25 - 30.11.11

¿8? eso es muy poco, mínimo 9.



5 - Ricardo Mastracchio - 2:50 - 02.04.10

Muy buena pelicula, y bastante buena critica….pesimos comentarios…por ej el de leo o el de poldo que vienen a ser el mismo…
el idioma es el argentino…y que pretendias que lo doblen al español….y lo pasen por radio ?…otra estupidez …el ico,,,que se tienen que meter si no saben…..ademas tampoco saben de historia argentina…pero opinan…querido leo…creo que intentaste impresionar con tu comentario…..y me impresionaste…eres miope..corto…pero buen chico



4 - Juan - 19:49 - 26.01.10

Fantastica pelicula. Contento de que el ICO financie films así, porque independientemente del país de orígen de sus productores, guionistas, directores y actores; este film hecho en castellano forma parte de la cultura castellana, y por tanto, parte de la cultura española. Si el material es bueno, adelante con la financiación porque generar cultura de calidad es bueno para nuestra sociedad.



3 - beatriz - 14:08 - 16.01.10

Excelente guion,actuacion y direccion.Vamos por mas



2 - Leopoldo de Trazegnies - 22:36 - 17.10.09

LAS MANOS AJENAS DE LA JUSTICIA

       
Da gusto ver una historia bien contada, sin amaneramientos, sin complicaciones innecesarias, sin engañar al personal que ha acudido al cine. Más aún, si el argumento genera espectación (esta palabra no está en el DRAE, pero debería estarlo), nos conmueve. Gusta a pesar de que los diálogos estén en “argentino” y haya que hacer un pequeño ejercicio de traslación, principalmente de los acentos fonéticos.
       
Los dos tiempos de la trama se presentan sin confusiones: por un lado un espantoso asesinato de una joven mujer casada y por otro, el oficial del juzgado instructor del caso que se dispone a reconstruirlo años después en una novela cuando ya está jubilado de su cargo judicial y desconoce la situación actual de los involucrados en el crimen.
       
La acción tiene lugar durante el fallido gobierno de Isabel Martínez de Perón, sucesora de su marido en la presidencia. En esa época Argentina es una sociedad convulsa, desarticulada políticamente, donde los recelos e intereses personales de los políticos han llegado hasta al poder judicial y se añaden a la tradicional ineficacia e indolencia de la justicia suramericana. Sin embargo en la película no se destaca este hecho, la política no interviene en ningún momento, sólo se sufren sus consecuencias, el deterioro de la administración de justicia lo sufre el pueblo en sus quehaceres diarios. No se vive aún el clima de violencia y abusos de la posterior dictadura regentada por las Juntas Militares con sus miles de desaparecidos, pero hay un tenso malestar.
       
Ante la corrupción e ineficacia de la Justicia, con mayúsculas, es comprensible que se pongan en marcha acciones clandestinas, sobre todo por parte de los deudos de las víctimas de delitos que han quedado impunes, lo que da lugar a procedimientos surrealistas, basados en intuiciones o pálpitos, que en algunos casos, como en éste, sirven de pistas para llegar al asesino.
       
Eso es lo que nos cuenta Juan José Campanella en “El secreto de sus ojos”. El oficial del juzgado es un referente de cómo lo justo y lo moral puede pervivir en la persona a pesar de respirar el ambiente de corrupción sofocante de un juzgado. Descubrirá sorprendentes consecuencias del delito cuando da a leer el borrador de su novela al viudo de la mujer asesinada y a su antigua jefa del juzgado. Su novela también le confirmará sus propios sentimientos negados durante toda una vida.
       
“El secreto de sus ojos” se presentó en San Sebastián sin obtener ningún galardón. Será también rival del “El baile de la victoria” de Fernando Trueba por el Oscar a la mejor película de habla no inglesa en Hollywood. Da la casualidad que Ricardo Darín es el protagonista en ambas películas.

Leopoldo de Trazegnies Granda



1 - Enrique Gabaldón Celada - 23:14 - 12.10.09

De acuerdo con la crítica de la película, un excelente trabajo de Campanella, y una soberbia actuación de Ricardo Darín, pero en desacuerdo total por la financiación. El ICO tiene a muchos empresarios en el aire, denegando créditos o poniendo trabas. ¿Por qué tiene que financiar al cina argentino?



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