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«Elisa K.»: La herida sangrante y dormida

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«Elisa K.»: La herida sangrante y dormida

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“Elisa K.” contiene un intenso drama, emocional y profundo sobre un tema tabú. Judith Colell y Jordi Cadena consiguen retratar el alma de la pequeña con delicadeza y sutilidad, de manera sorda pero contundente en su silencio.

Acaba de llevarse el Premio Especial del Jurado en el Festival de San Sebastián y llega a la cartelera para despertar al espectador ante el dolor de Elisa. Lo hace con la conocida partitura de Beethoven, pero sobre todo con unas imágenes que encierran un pasado terrible que la protagonista y los directores comparten con el espectador. Es la herida dormida pero sangrante de Elisa, una niña de diez años que fue violada por un amigo de su padre, y que enterró el trauma en el subconsciente para despertar dramáticamente catorce años después. Judith Colell y Jordi Cadena consiguen retratar el alma de la pequeña con delicadeza y sutilidad, de manera sorda pero contundente en su silencio, para después provocar un estallido emocional en la joven al descubrir la humillación y agravio sufridos. «Elisa K.» es una historia muy dura, durísima, pero en la que nada es gratuito ni artificioso, y donde la parsimonia inicial es necesaria y hasta poética.

Sus imágenes son respetuosas, sosegadas y contemplativas, sin ápice de morbosidad ni subtramas que distraigan la mirada intimista y pudorosa de la cámara. Los directores elaboran una puesta en escena artística y muy cuidada, donde las formas son primordiales para transmitir ese interior mancillado. Excelente planificación y colocación de la cámara, como también esa magnífica elipsis que hace crecer de golpe a Elisa y dejar el pasado enterrado, o ese juego con el fuera de campo para no mostrar lo que era una acción indigna —tendríamos que hablar aquí de la ética de la imagen que respetan Colell y Cadena—. Además, nos ofrecen una fotografía de gran belleza, con imágenes en blanco y negro filtradas con sepia que se transformarán en fríos colores con el despertar de Elisa a la realidad.

Comienza, a su vez, con un narrador omnisciente que —con un texto muy literario— nos va adelantando lo que las imágenes muestran a continuación, en una repetición que habla de la vida cotidiana y rutinaria de Elisa con su padre y sus hermanos, yendo al mismo restaurante de siempre o acudiendo al tren para ir al campo con su madre… Una duplicación narrativa y un exceso de presencia del narrador que tienen su justificación para adentrarnos en la vida de la silenciosa niña y calar en el alma del espectador… hasta que llega lo extraordinario. Entonces, silencio, preocupación y respeto a la intimidad de cada uno. Esa es la actitud de la madre de Elisa y de la propia cámara… hasta que una asociación de ideas —una película de la televisión, en concreto— hace que los recuerdos dormidos vuelvan para que la joven universitaria pueda reconstruir su identidad y curar el alma, mientras espera que se vayan esos fantasmas que atemorizan su vida y atormentan su sueño.

Gran fuerza en los silencios y en las miradas como se percibe en la escena clave del columpio y la promesa de la pulsera, más aún en la crisis de angustia y dolor que sufre en el baño y que la empuja a abrir su alma. Las dos escenas oníricas están introducidas con arte y sin que resulten nada impostadas, mientras que el plano surrealista cuando sale a escena su compañera de piso —breve pero buen papel de Nausicaa Bonnín— es igualmente eficaz. Todo el reparto respira autenticidad, pero sobre todo destacan Aina Clotet como la joven Elisa —tremenda intensidad tiene la mencionada escena en el piso—, y también Clàudia Pons cuando interpreta a la protagonista niña; Lydia Zimmermann habla poco, pero transmite mucho con su rostro de madre atenta pero respetuosa.

Un intenso drama, emocional y profundo como la herida de la pobre Elisa, que exige un espectador adulto dispuesto a acompañar a la protagonista por la rutina diaria y por un periodo un tanto mustio, para terminar reviviendo con ella todo el sufrimiento que un día quedó oculto en el subconsciente. Por eso, en ese plano congelado del final en que Elisa mira a cámara parece pedir el compromiso del espectador para denunciar el atropello y para comprender a la atropellada.

Calificación: 8/10

En las imágenes: Fotogramas de “Elisa K.” – Copyright © 2010 Oberón Cinematográfica. Distribuida en España por Wanda Visión. Todos los derechos reservados.

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