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«En el corazón del mar»: ¡Por allí bosteza!

Críticas

«En el corazón del mar»: ¡Por allí bosteza!

Ron Howard sigue repartiendo cal y arena en su filmografía. En esta ocasión toca la mala, un tostón que quiere abrazar toda la épica del mundo pero que naufraga artística y literalmente a poco de zarpar. Una propuesta que ni de lejos hace justicia a sus referentes.

Herman Melville (Ben Whishaw), joven escritor, llega a la localidad de Nantucket para conocer a Thomas Nickerson (Brendan Gleeson) como parte de su labor de documentación para una novela que está preparando. Se titula «Moby Dick», y la historia del marinero que navegó a bordo del Essex le viene que ni al pelo. Atento. Ron Howard tiene la capacidad, casi única en el mainstream de Hollywood, de hacer interesantes sus proyectos de cara a la industria y el público a sabiendas de que pueden resultar castañas de diversa consideración. «Rush» (2013) debió de ser la buena porque, sin duda, «En el corazón del mar» no lo es. A ver la siguiente.

En el corazón del mar

«No espero que un escritor lo entienda». Como en sus más flojos trabajos, uno sale de la sala con la sensación de que Howard no era la mejor opción para esta propuesta. Porque la historia es de base espeluznante, tremendamente emocionante, un drama de horror sobre el instinto de superación del hombre, sobre el ansia de sobrevivir pese a todo lo que nos hace ser lo que somos. Una tragedia épica en toda regla. En lugar de eso el cineasta demuestra pulso irregular, entre lo notorio y lo torpe, y reduce al mínimo el pavor esencial que define a la epopeya misma desde un entorno pasado de rosca en su fotografía, sieso en su banda sonora y que alterna lo correcto y lo pobretón en su trabajo digital. Y canta a rodaje en estudio que asusta.

En el corazón del mar

Chris Hemsworth es físicamente imponente, pero sus limitaciones interpretativas no le convierten en la más acertada elección para un tipo que ha de enfrentarse a todos los miedos atávicos que el ser humano pueda imaginar. No, señor. Y Benjamin Walker, en fin, es tan inexpresivo que su trabajo es difícil de valorar. Cillian Murphy pone cara de loco atractivo -la suya, vamos- mientras le crece la barba, y el resto de tripulantes son intercambiables mientras deambulan arriba y abajo en un mar de pantallas verdes y algún que otro islote convenientemente abandonado. Poco más. «En el corazón del mar» no hace justicia a todos los referentes que maneja, pero como ejemplo del género Howard es válido. A esperar qué pasa ahora.

Calificación: 4/10

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