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«En pata de guerra»: Escatológica sostenibilidad

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«En pata de guerra»: Escatológica sostenibilidad

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«En pata de guerra» es una película abominable que se construye por y para los tópicos, con personajes increíbles hasta la irritación y una incompetencia absoluta para armar su mensaje familiar y ecologista sin provocar la vergüenza ajena.

Un rápido vistazo a «En pata de guerra» bastará para adivinar por qué el género de la comedia con animales (que aquí, por cierto, se mantienen en la indefinición parlante gracias a una funesta animación de hocicos en movimiento) anda tan mal considerado y por qué tampoco hay esperanzas de un futuro mejor. Esta «Furry vengeance» que anuncia el título original (quizá lo único mínimamente divertido que se pueda extraer del asunto) es, desde el primer minuto, una desesperante colección de jugarretas mil y una vez vistas que los animales del bosque acometen contra todo humano adinerado, malvado y con nula conciencia ecológica que pase por allí regodeándose en su poder. No hay lugar a la improvisación, y lo que es peor, no hay tregua una vez los peludos cuadrúpedos fijan su objetivo en el sufrido e insufrible Brendan Fraser. Una vez eso ocurre (y ocurre muy, muy pronto), el bombardeo de los más ínfimos chistes animalescos no tiene piedad: pedos de mofeta, aves que defecan con letal puntería y mapaches que se encarnizan con la cara de su víctima son sólo algunos de los gags que veremos repetidos hasta la saciedad, hasta la incredulidad misma ante la total ausencia de imaginación o de intención de emplearla.

«En pata de guerra» es una película abominable, una que se construye por y para los tópicos, con unos personajes increíbles hasta la irritación y una incompetencia absoluta para armar su mensaje familiar y ecologista sin provocar la vergüenza ajena. Ni siquiera hay alguna inteligencia a la hora de filtrar un guiño al público adulto (la sonrojante inclusión de imágenes de «Braveheart» para dejar clara la cita en el discurso del mapache). Ni siquiera el apartado técnico, aquel que al menos esperaríamos a la altura de un estreno multitudinario, escapa a la ineptitud lacerante que contagia todo el producto.

Y en medio de todo, Brendan Fraser abandona toda intentona pasada por dignificar su carrera («Dioses y monstruos», «El americano impasible», «Crash [Colisión]») para abandonarse a un ejercicio de sobreactuación que lleva a dos posibles posturas del espectador respecto a su personaje: 1) desear la franca desaparición de los animales y hasta del bosque con tal de que deje de gritar, pringarse de sustancias viscosas y travestirse accidentalmente; 2) desearle la más cruel de las venganzas a manos de sus salvajes y escatológicos enemigos. Flaco favor, pues, le hará «En pata de guerra» a la ya de por sí devaluada trayectoria del actor, como flaquísimo a esa loa a la sostenibilidad que busca proclamar con tanta tontuna, tanta torpeza.

Calificación: 1/10

En las imágenes: Fotogramas de “En pata de guerra” – Copyright © 2010 Participant Media, Summit Entertainment e Imagenation Abu Dhabi. Distribuida en España por Aurum. Todos los derechos reservados.

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