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“Enemigos públicos”: Depp es Dillinger

Críticas

“Enemigos públicos”: Depp es Dillinger

Michael Mann pone la directa para ofrecer otro fastuoso y extenso espectáculo de acción e intriga presidido por el siempre fabuloso Johnny Depp, mimético con cualquier personaje que afronte.  

A principios de los años 30, John Dillinger (Johnny Depp) traía de cabeza a las fuerzas de seguridad norteamericanas, convertido en un ladrón de bancos imposible de atrapar por mucho que se esforzase un titubeante FBI comandado por un siempre cuestionado J. Edgard Hoover (Billy Crudup). La solución, casi desesperada, pasaba por confiar en la astucia de Melvin Purvis (Christian Bale), un agente tan eficaz como decidido a atrapar al moderno forajido y a todos sus secuaces. Con “Enemigos públicos”, el mastodóntico Michael Mann, convertido no sin razón en uno de los nombres claves de la industria norteamericana moderna, vuelve a pisar el acelerador para ofrecer al espectador un brillante espectáculo medido y calculado para convertirse en una marabunta audiovisual y emocional de gran calibre.

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Dos titanes frente a frente, figuras épicas de leyenda por su enfrentamiento y por lo que han supuesto para la historia yanqui, tan dada a enaltecer figuras de su pasado reciente o remoto al margen del calado moral de sus vidas y actos, se convierten en el centro de atención de una propuesta impecable, como es habitual en el cineasta, densa en sus acontecimientos y excesiva en su duración ─prácticamente dos horas y media de metraje, subrayando una tendencia tan innecesaria como frecuente últimamente─ pero repleta de hallazgos e interpretaciones estremecedoras y convincentes. La confrontación de ambos mundos y visiones a los dos lados de la ley ─una barrera difuminada progresivamente hasta el punto culminante, que no distingue la legalidad de un asesinato a sangre fría por el simple hecho de portar una placa─ dibuja una balanza que inevitablemente cae del lado de un nuevamente espectacular Depp, imán hipnótico que inunda la pantalla con su presencia, en detrimento de un Bale más fugaz, desdibujado y desconocido para el gran público en su rol de sabueso implacable.

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Intachable técnicamente, voluntaria y escalofriantemente gélida, con una fotografía cuidada, una banda sonora chispeante y anudada de manera indisoluble a cada secuencia y acontecimiento y un montaje tan sereno como contundente, la película queda como una sucesión de frescos en alta definición que dibujan no ya sólo el choque entre formas opuestas de vivir, sino en el propio devenir de un hado que dictaba hace ya ochenta años que el crimen no es necesariamente acorde con el estilo de los clásicos asaltadores de bancos. Un entorno cambiante, que vive en caótica algarabía el esplendor aún reluciente de las primeras décadas del siglo pasado; sombreros calados, largas gabardinas y actitudes recias y decididas, una visión tan atractiva como peligrosa para quienes lo querían todo y estaban dispuestos a pagar el precio que fuese necesario por conseguirlo, por alto que fuese. Crepúsculo y ocaso, oscuros anverso y reverso de una moneda que nunca quedó muy claro de qué lado debía caer. Y en conjunto, otra notable película de Michael Mann.

Calificación: 7/10

En las imágenes: Fotogramas de “Enemigos públicos” © 2009 Universal Pictures, Relativity Media, Forward Pass, Misher Films, Tribeca Productions y Appian Way. Fotos por Peter Mountain. Distribuida en España por Universal Pictures Spain. Todos los derechos reservados.

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