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«Estigmas»: La negrura del destino

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«Estigmas»: La negrura del destino

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«Estigmas» es cine serio y grave pero también indigesto para un espectador no cinéfilo. Aliaga ofrece una cinta densa y arriesgada, enfática en un esteticismo formal que quiere reforzar el mensaje, pero que pesa y sepulta la historia.

A partir del cómic de culto de Lorenzo Mattotti y Claudio Piersanti, Adán Aliaga dibuja en blanco y negro una película que consiguió en Premio Pilar Miró en la 54ª Seminci. No extraña el galardón porque esta ópera prima lleva impreso el sello de cine de autor tan del gusto del festival, con un ejercicio estilístico muy cuidado para mostrar una dramática realidad en la que el destino se ceba con el protagonista. Él es Bruno, un hombre triste y lacónico, recién salido de la cárcel y enganchado al alcohol, simple y tosco en las formas pero de buen corazón. Un día inexplicablemente comienzan a sangrarle las manos, y su vida cambia al ser considerado santo y milagrero… y verse rodeado de muchos amigos de ocasión, pero también de maltratos y desencantos, solo salpicados por breves momentos en que se vislumbra el amor.

«Estigmas» es cine serio y grave pero también algo indigesto para un espectador no cinéfilo, en que las atmósferas oscuras no dejan respirar ni permiten un resquicio de alegría ni esperanza. El realismo fotográfico y la puesta en escena de la primera parte nos trasladan a los rincones más lúgubres y desoladores, con ambientes tenebristas y una cerrada planificación que anula cualquier esperanza. Contrastes de luz y sombra como los que vive este buen hombre que trata de redimirse, de sobrellevar la soledad y la tragedia que amenazan con matar el amor que le sale al encuentro. Es la dureza de la vida y la necesidad del sacrificio para acrisolar ese amor esquivo, mostrados de manera simbólica y excesivamente solemne en el tercio final. Cabe la interpretación religiosa de este ecce homo perdedor y suburbial, pero sólo desde la pretensión de insuflar aires trascendentes a esta negra historia de un inadaptado y perdedor.

Aliaga nos ofrece una cinta densa y arriesgada, enfática en un esteticismo formal que quiere reforzar el mensaje pero que acaba pesando demasiado y termina por sepultar a la historia y al pobre Bruno… en un destino cruel. No hay sentimiento ni concesión alguna ante ese amor de Lorena que nace para morir porque no hay luz en la atmósfera, y en el que todo se ve abocado a un final inevitable. Buena interpretación de Manolo Martínez —el plusmarquista lanzador de peso—, muy física y de pocas palabras, retratado con abundantes primeros planos que recogen su triste y amable mirada, para un drama de gran fuerza visual pero que narrativamente languidece a medida se adentra por terrenos simbólicos y se hunde en el artificio. Un negro panorama vital que se impone a la alegría de la feria, y una imagen que aplasta al hombre —al protagonista y al espectador— en la espesura de las formas para no dejarle respirar ni amar en paz.

Calificación: 5/10

En las imágenes: Fotogramas de «Estigmas» – Copyright © 2009 Nadir Films, IB Cinema, Jaibo Films y Salto de Eje. Distribuida en España por Nadir Films. Todos los derechos reservados.

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