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“Eternamente comprometidos”: La eternidad y un día

Críticas

“Eternamente comprometidos”: La eternidad y un día

El tándem formado por Nicholas Stoller y Jason Segel reafirma su capacidad para una comedia honda, de herencias clásicas y aires de nuevo humor americano. Una invitación recibida cien veces con anterioridad, pero altamente disfrutable.

Un recién casado canta en el altar, sin ninguna vergüenza, una adaptación del “Cucurrucucú paloma” con marcado acento inglés. Éste es uno de los muchos detalles que pueden llevar a confundir las intenciones de “Eternamente comprometidos” (ver tráiler y escenas), película que, como otras de sus hermanas de generación y promoción, esconde una lectura nada barata bajo capas de nata y blonda montadas para la ocasión. Porque ese momento de karaoke en el altar no conduce, como resultaría previsible, a un tono de mofa y distanciamiento: todo lo contrario, volverá a repetirse como colofón victorioso. Nicholas Stoller acomete lo que ya hizo en la soberbia “Paso de ti” (2008), donde coincidía con un guion de Jason Segel que anticipaba muchas de las bondades de la recuperación musical de “The Muppets”  (2010).

Como en estos trabajos anteriores, Stoller y Segel adoptan un momento crucial —el “sí, quiero” y los preparativos consecuentes, su opuesto o la ruptura sentimental en “Paso de ti”— para desmontar mitos de manera poco evidente, aunque esos argumentos puedan ser empleados fácilmente por sus detractores. En “Eternamente comprometidos” no faltan, entonces, los momentos sensibles, las hondonadas en conflictos previstos y la apreciación musical, sí, de lo comúnmente considerado casposo, sea una ranchera mal pronunciada o, como en cintas anteriores, un número protagonizado por muñecos de felpa en el sótano de un café bar o la letra idiotizante de un grupo underground —las Munchausen By Proxy de “Di que sí” (Peyton Reed, 2008)—. No es fácil, a estas alturas, extraer alguna poesía de acontecimientos tan explotados por la comedia de todo pelaje; tampoco hacerlo de modo que convenza a los amantes del clasicismo de salón y a los fervientes del nuevo humor norteamericano.

La factoría Apatow, que avala este proyecto, siempre ha intentado buscar la medianía de ambos territorios, consiguiéndolo con bastante decencia en ocasiones como ésta. Puede que en “Eternamente comprometidos” Stoller se incline más hacia el enredo á deux que hacia la sátira mordiente y apoyada en brillantes secundarios —si bien no faltan escenas de gran construcción cómica, caso de la pelea entre hermanas que impostan voces de (otra vez) teleñecos—; puede que el metraje vuelva a excederse para una historia no del todo nueva y ajena, pero he ahí el salto de trampolín. En contra del canon, Stoller y Segel alargan los habituales momentos de elipsis y convierten en trama los finales felices —la pedida de mano como un juego disimulado, la boda como mero trámite simbólico que sigue a la convivencia—, haciendo que los lugares comunes se salven con diálogos ágiles y que el tópico camufle verdades mucho más dolorosas. Ya sea la eternidad de problemas que conlleva un único día de festejo, los miedos ocultos tras la seguridad de repetir los mismos rituales que parejas previas, o la envidia contenida al oír que a una novia le dedican “Cucurrucucú paloma”.

Calificación: 7/10


Imágenes de “Eternamente comprometidos”, película distribuida en España por Universal Pictures International Spain © 2012 Universal Pictures, Relativity Media, Apatow Productions y Stoller Global Solutions. Todos los derechos reservados.

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