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Críticas

«Exorcismo en Connecticut»: La enfermedad como puerta al Más Allá

Un nuevo ejemplo de que los espíritus malintencionados no son bienvenidos en nuestro plano terrenal y deben ser expulsados a cualquier precio. Sin embargo, el punto de partida es más original de lo habitual, algo siempre de agradecer. 

Matt (Kyle Gallner) lucha contra el cáncer siguiendo un tratamiento experimental en un hospital de Connecticut, motivo que impulsa a sus padres, Sara (Virginia Madsen) y Peter (Martin Donovan) a adquirir una casa cercana al centro médico. Una de las contraindicaciones de las pruebas a las que el muchacho es sometido es la posibilidad de sufrir alucinaciones; por eso, cuando comienza a ser acosado por extrañas apariciones, su familia no sabe muy bien a qué atenerse. Un hogar tenebroso e inquietante, un clan amenazado por espíritus que no son de este mundo, un sacerdote cuya silueta se recorta en la noche, una historia basada en hechos reales… efectivamente, más de lo mismo. Eso es lo que ofrece “Exorcismo en Connecticut”, a pesar de que consigue captar el interés del espectador sosteniendo la trama sobre las trágicas circunstancias personales de los personajes principales y no sobre los efectismos que les sobrevuelan.

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Y es que la frustración derivada de la imposibilidad de doblegar a uno de los grandes enemigos de la medicina y todos sus avances, el cáncer que se cobra millones de vidas en todo el mundo cada año, es la gran detonante de los acontecimientos al encontrarse Matt literalmente con un pie en la tumba, un limbo en el que vivos y muertos conviven a sus ojos pero se ocultan a los de las personas sanas que le rodean. Así pues, el director Peter Cornwell posa su mirada en la mella que se va abriendo en el ánimo de los Campbell ante la certeza de que el primogénito dejará más pronto que tarde este valle de lágrimas, una desolación que reaviva disputas, hábitos y temores pasados con consecuencias imprevisibles en el presente; sustos, crujidos y crepitares abundan en una puesta en escena correcta, seca e incluso cruel en ocasiones, pero, al menos durante los primeros rollos de metraje, los efectos más o menos truculentos, principalmente diseminados en forma de flashbacks efectivamente inquietantes, se supeditan al trabajo del correcto elenco protagónico, y no al revés.

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Sin embargo, una vez agotadas las bazas dramáticas del libreto, lo que podía haber sido una notable tragedia terrorífica deviene en un acelerado clímax permanente y confuso en el que los puntos básicos del subgénero comienzan a cumplirse a rajatabla: la investigación histórica en busca de respuestas, la sucesión acelerada de sobresaltos continuados, la conciencia de grupo de lo que realmente está sucediendo en el hogar, y el postrero ritual de tintes religiosos destinado a poner fin al pavor que todo lo preside. Aunque es cierto que un mayor y agradecido grado de mala leche domina de principio a fin, y que estamos ante una propuesta considerablemente más estimable que algunas de sus hermanas recientes, no puede evitarse pensar que “Exorcismo en Connecticut” podría haberse considerado una pieza cinematográfica de mayor valía, en caso de no haber cedido mecánicamente a los resortes que se le intuyen desde un principio y que, en el fondo, tampoco habría sido tan difícil esquivar con el material de que dispone.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de “Exorcismo en Connecticut” © 2009 Lionsgate, Gold Circle Films e Integrated Films. Distribuida en España por DeAPlaneta. Todos los derechos reservados.

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