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«Extraterrestre»: Amor marciano

Críticas

«Extraterrestre»: Amor marciano

Nacho Vigalondo se adentra en la otredad a través de la comedia romántica con OVNI al fondo. «Extraterrestre» es una película raramente memorable, con actores impecables y que tiene el don de crecer en la memoria del espectador.

La fascinación por el Otro, por la otredad así en mayúscula y a lo Robert Mulligan, ha recorrido insistentemente los recovecos de la ciencia-ficción como espacio limítrofe con géneros prestos a explorar las elementales turbaciones suscitadas por lo desconocido. Sin embargo, y salvo honrosas excepciones como la marciana «Punch-drunk love. Embriagado de amor» (Paul Thomas Anderson, 2002), la comedia romántica siempre había rehuido con la misma insistencia el concepto en sí, en pro de idealizaciones más o menos mainstream y en detrimento de algunas de las más directas sensaciones que cualquier espectador podría reconocer en pantalla de forma inmediata.

«Extraterrestre» (ver tráiler) arroja luz alienígena sobre esas zonas omitidas, pasadas por alto en el proceso del galanteo y la relación sentimental. Despertarse en una cama ajena junto a una desconocida aquí no tiene nada de triunfal y sí mucho de una incomodidad casi irresoluble, tróspida quizá. Enamorarse desde ese punto de partida no es accidental —o no es sólo eso—, sino que contiene una épica emocional que se fundamenta en la extrañeza, en la torpeza implícita en todo flirteo y seducción que lleva —o no— a la deseada culminación. En su segunda película, Nacho Vigalondo sitúa la habitual fuente de otredad —la invasión extraterrestre, la nave que asoma entre los edificios de Madrid— al fondo, para subrayar en primer plano la reconocible pero apenas reconocida, el inexplicable encantamiento que produce el rostro de esa otra persona en la pantalla de un televisor —Michelle Jenner, o la belleza de ese OVNI durmiente—, el desconcierto de ese sentimiento cotidiano que nace en condiciones apocalípticas, como aquel que naturalmente despertaba en la pareja protagonista de «Monsters» (Gareth Edwards, 2010) cuando los monstruos tomaban el paisaje.

Como en aquel sketch en el que imaginaba el cumpleaños de el Hombre Elefante con los trazos más arriesgados del humor chanante, Vigalondo somete aquí el género presunto —toda una tradición sci-fi de invasiones— a una tortuosa desmitificación sostenida en la incomodidad brutal y de andar por casa, humor abundante en mala leche y virtuoso en su timing del destiempo, que hacen posible unos actores impecables —carismático Julián Villagrán, inconmensurables Raúl Cimas y Carlos Areces— y entregados a la causa. Tocada de una complicidad imposible y una atmósfera raramente memorable, la película atesora, en su corazoncito bizarro, ese quimérico don del cine que no deja de crecer en el recuerdo del espectador.

Calificación: 7/10


Imágenes de «Extraterrestre», película distribuida en España por Vértigo Films © 2011 Arsénico Producciones, Sayaka Producciones y Apache Entertainment. Todos los derechos reservados.

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