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«Franklyn»: Mareando la perdiz

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«Franklyn»: Mareando la perdiz

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A las puertas de 2011 recibimos una película tan pobre como desfasada respecto de su presentación en Inglaterra en 2008. Soporífera, tan evidente que resulta confusa, una insensatez que se excusa en la estética de género.

En la alucinante ciudad de Meanwhile, Jonathan Preest (Ryan Philippe) tiene una misión personal: asesinar al Individuo. En Londres, Milo (Sam Riley) intenta superar el abandono casi a pie de altar por parte de su novia, mientras que Emilia (Eva Green) trata de finalizar un proyecto artístico basado en tentativas de suicidio voluntariamente fallidas. Este 2010 no pasará a la historia por la extraordinaria calidad del cine que ha llegado a nuestra cartelera; ahora bien, el lamento de la industria en sentido amplio derivado de la estampida de espectadores de las salas se antoja innegablemente injustificable ante estrenos como «Franklyn», un bodrio insostenible que, para colmo de males, aterriza por aquí con algo más de dos años de retraso respecto de su puesta de largo en Inglaterra, en octubre de 2008, en el marco del Festival de Cine de la capital británica. Así nos va.

Como viene siendo habitual, un atractivo prólogo en off nos presenta a una figura sugerente y misteriosa, a caballo entre Número 9 y el doctor Philip Decker, desenvuelta en una urbe ficticia, atemporal y paralela a nuestra realidad, una Meanwhile ─literalmente, “mientras tanto”, punta de lanza de una retahíla de simbolismos tan simples como ineficaces─ que bien podría considerarse la fantasía más radical de cualquier politeísta que se precie de serlo; introducido el personaje central, el director y guionista debutante Gerald McMorrow nos invitará a viajar inconexamente de la metrópoli inventada al Londres actual, donde un pequeño puñado de individuos tarados en mayor o menor medida divagará inconsistentemente con el anhelo de superar los traumas que marcan sus horribles, tristes, vagas existencias. Bueno, bien. Pero pasan quince minutos, veinte…

…cuarenta, setenta… cinco más… y no pasa absolutamente nada, pese a que el cineasta se esfuerce en marear una perdiz narrativa sin pies ni cabeza, confusa en grado sumo a pesar de su extrema sencillez ─quizá debido a ello─, un cajón de sastre metafórico y visual en el que se solapan los goticismos industriales de propuestas anteriores y superiores, las extrañas ─por bobaliconas─ puyas a los poderes establecidos y a los estamentos belicistas ─Iraq incluido, por supuesto─ y los desapegos materno/paterno filiales, las amistades rotas y los esquizoides recuerdos de lo que pudo ser y no fue. Por supuesto, el tramo final resuelve las no-incógnitas diseminadas durante los rollos anteriores, aunque para entonces ya no hay quien salve este desastre oscuramente iluminado ─el aspecto estético del film, pese a carecer de la más mínima originalidad, queda como lo mejor del conjunto─ y pobremente desarrollado e interpretado. «La vida ya es bastante aventura sin tener que inventar nada», reza una línea de diálogo. Entonces, ¿a qué viene esto?

Calificación: 2/10

En las imágenes: Fotogramas de “Franklyn” © 2008 Recorded Picture Company, UK Film Council, Film4 y Hanaway Films. Distribuida en España por DeAPlaneta. Todos los derechos reservados.

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