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«Franklyn»: Perdidos y hambrientos de creer en algo

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«Franklyn»: Perdidos y hambrientos de creer en algo

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«Franklyn» es una película irregular y descompensada que gana conforme avanza el metraje. Un drama con dosis de paranoia y fantasía, con una voz narradora pretenciosa en sus disertaciones y una puesta en escena artificiosa.

El británico Gerald McMorrow nos dice que cuando alguien se encuentra perdido en la soledad, desesperado por el fracaso o sumido en la culpa… se crea un mundo alternativo al que agarrarse y en el que vivir un cuento de hadas con final feliz. Así es la vida de los personajes de «Franklyn», un drama con dosis de paranoia y fantasía en el que tres —o cuatro— historias aparentemente inconexas discurren por esos universos de gente desencantada de la vida que se fabrica su propia realidad. Es lo que le sucede a Milo, joven que ha sido abandonado por su novia y que se refugia en su primer amor; o a Emilia, estudiante de arte que intenta llamar la atención de su madre con tentativas de suicidio grabadas en video; o a Jonathan, un hombre que clama venganza contra el Individuo por dejar morir a la pequeña Sarah. A todos ellos parece conducirles el destino por una existencia donde el mal triunfa y donde sólo cabe esconderse en el mundo virtual, en la religión o en el romanticismo… como lugares de fe, consuelo y evasión.

La complejidad y el barroquismo de la trama, críptica y oscura tanto en el mensaje como en la estética, hacen que a la película le cueste mucho arrancar. El espectador se encuentra en esos primeros compases tan perdido como los propios personajes, sin saber lo que sucede en Londres o en esa futurista Ciudad Intermedia, escuchando un enigmático discurso sobre las «religiones a la carta» y sobre su empleo como medios de control del individuo. La excesiva presencia del narrador enmascarado le aleja de la historia, y su disertación resulta tan pretenciosa como enfáticos son la planificación o el esteticismo de los que hace gala McMorrow. Cuesta mucho seguir esos primeros pasos y exigen del espectador paciencia y atención… pero poco a poco las piezas van encajando y se descubren las conexiones —no lógicas, pero sí existenciales— entre las distintas historias, la razón de esa agobiante voz en off de Jonathan, o las dolorosas infancias de Emilia o Milo. El problema es que quizá, para entonces, uno haya quedado desconectado de una ficción muy aparente, que le haya dejado frío entre tanto drama familiar y personal, o que esté perdido en las idas y venidas… consciente de que le están escondiendo alguna carta.

A pesar de lo anterior, McMorrow nos da una de esas películas que ganan conforme avanza el metraje, pues todo cobra sentido y está repleta de pequeños detalles que explican la trama global. A una puesta en escena artificiosa y al propio destino hay que concederles el beneplácito de lo inverosímil y de lo azaroso, y entonces hay un lugar para la esperanza y para esos «enviados» que ayudan a superar el trauma de quien vive con la herida de un padre/madre ausente, con la culpa de haber fallado a alguien o con la necesidad de llenar el corazón con cualquier sucedáneo. Al menos eso es lo que les pasa a los personajes de «Franklyn».

La historia de Emilia tiene más fuerza que las demás, aunque la resolución de su relación con la madre no acabe de convencer. Por otra parte, la de Jonathan gana enteros cuando se van desvelando los pliegues y su conexión con el Londres actual. Al final, un travelling ascendente hasta el cielo en medio de una atmósfera pesada y oscura… resulta tan estético como efectista, tan metafórico como pretencioso. Estamos ante una irregular y descompensada película de príncipes y princesas perdidos en su soledad, enajenados en su trauma, consolados en su fe. Sin embargo, su interés es indudable al recoger inquietudes socioculturales de nuestros días, y al demostrar una voluntad estética inusual para una ópera prima.

Calificación: 5/10

En las imágenes: Fotogramas de “Franklyn” – Copyright © 2008 Recorded Picture Company, UK Film Council, Film4, Hanaway Films y Aramid Entertainment. Distribuida en España por DeAPlaneta. Todos los derechos reservados.

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