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«Fuga de cerebros»: «American pie» patria

Críticas

«Fuga de cerebros»: «American pie» patria

Esta fuga cerebral ni engancha ni funciona en sus conatos de humor negro, cafre y sicalíptico. Lo extremadamente postizo de tales pasajes lleva a la exasperación y a mirar la hora cuando uno advierte lo innecesariamente prolongado de su metraje. 

En  «Algo pasa con Mary», el secreto de la carcajada podía residir, simple y llanamente, en explotar un accidente tan cotidiano (y desgraciado) como pillársela con la bragueta. Un capricho de la ficción, sin duda, pero que remite a una fatalidad no demasiado lejana a la realidad. Esta condición del gag era indispensable para que los hermanos Farrelly pudieran introducir desternillantes agraviantes, hurgando en la desgracia de su malhadado protagonista. En «Fuga de cerebros», Mario Casas interpreta a Emilio, un joven que mucho tiene que ver con aquel Ted que desempeñara Ben Stiller: los giros del destino le han impedido, una y otra vez, declararse a Natalia (Amaia Salamanca), la chica de la que lleva enamorado 13 años, y Fernando González Molina también se lo pasa en grande poniéndole aparatosos correctores dentales o haciéndole pasar por un calvario antes de que conquiste a su gran amor. Pero desgraciadamente, González cae en el error fatal de pretender el gag en los lugares más difíciles posibles, en vez de explotarlos a partir de los fértiles de una trama mínimamente consolidada. Un precio demasiado alto que pagar a cambio de una «American pie» patria.

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«Fuga de cerebros» imita el modelo americano de las comedias juveniles de corte gamberro, exprimido en la última década hasta el agotamiento de la fórmula. Las referencias a las mismas son explícitas: el tío de Corneto (Pablo Penedo) explica a su sobrino qué es lo que hacen los americanos con las tartas, mientras que el robo del autobús recuerda irremediablemente a «Road trip: Viaje de pirados». Existe en esta ópera prima una obcecación inexplicable por equipararse a estas comedias, hasta el punto de que el guión se convierte en una sucesión de situaciones pretendidamente graciosas que se tornan despropósitos por su forzadísima naturaleza. Pareciera que el robo del pulmón existió antes que la excusa para llegar hasta él, que la necesidad de incluir la broma alucinógena o la necrofílica fuera imperiosa, sin importar si las derivaciones de la trama las propiciarían. Pareciera, en definitiva, que el argumento se encuentra al servicio del gag, y nunca al revés.

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A pesar de los esfuerzos de algunos de los mejores valores jóvenes del cine español (a saber Mario Casas o Alberto Amarilla), nada pueden hacer los intérpretes para salvar una comedia que, en su intento por emular a un modelo concreto, no sólo pierde la oportunidad de erigirse con una identidad propia, sino que incluso raya el ridículo calcando el uso de una banda sonora muy específica (temas con ecos de unos Sum 41 o Blink 182). Por si fuera poco, «Fuga de cerebros» explota la vis cómica que pueda quedar en los mil y una veces estereotipados comportamientos culturales de los españoles en el extranjero (y muy particularmente frente a la flema inglesa, no menos estereotipada), sin que falte el clásico del castellano inglesado con la terminación «-ion» y otros chistes lingüísticos que creíamos afortunadamente extinguidos. Supuestos chispazos de ingenio en un guión endeble al que no le preocupa disponer personajes que pululan sin peso dramático alguno (ver a otro estereotipo, el de gitano, entre la exquisitez universitaria de Oxford, parece ser la única motivación para que el personaje de ‘el Cabra’ exista) o resolver torpemente tramas que, en algunos casos, incluso huelen a cierre improvisado (la confesión de Chuli).

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En resumidas cuentas, esta fuga cerebral ni engancha ni funciona en sus conatos de humor negro, cafre y/o sicalíptico. Lo extremadamente postizo de tales pasajes lleva a la exasperación y a mirar la hora cuando uno advierte lo innecesariamente prolongado de su metraje. En cualquier caso, los ingredientes necesarios para apelar a su público están ahí, y poco importará si la escena de sexo entre Salamanca y Casas está introducida con calzador: los números seguramente den la razón al reclamo de esa cierta tendencia del cine español, la que tira de la triunfante ficción televisiva para asegurar la senda del éxito en taquilla. Así sea.

Calificación: 3/10

En las imágenes: Fotogramas de «Fuga de cerebros» – Copyright © 2009 Antena 3 Films y Cangrejo Films. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.

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