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«Furia de titanes»: Furia sin nostalgia

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«Furia de titanes»: Furia sin nostalgia

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Dejando atrás la nostalgia, esta «Furia de titanes» es un entretenimiento delicioso, trepidante y voluntariamente descerebrado. Vocacionalmente palomitera, la cinta demuestra el excelente manejo de la acción por parte de Louis Leterrier.

Frente a esta nueva «Furia de titanes», es fácil encontrar una división del público que ya conocía el original de Desmond Davis. Por un lado, siempre habrá un sector que, víctima de esa nostalgia que otorga el tiempo, el marcado momento del visionado y la stop-motion de Ray Harryhausen, sea incapaz de acercarse del todo desprejuiciado, abierto al disfrute anfetamínico que propone el remake de Louis Leterrier. Por otra parte, estarán aquellos que acudan receptivos antes al espectáculo palomitero que a esa condición de revisión, quizá también conscientes de que, al fin y al cabo, la fuente primaria no era sino un gran disparate (divertidísimo disparate) que sólo puede ser reeditado como voluntariamente descerebrado producto mainstream.

La segunda opción asegura, siempre, un disfrute de lo más estimable. En este peplum revisitado, digital y de imaginario heredado, Louis Leterrier vuelve a demostrar su excelente manejo de la acción (véase «El increíble Hulk»), tornando esta «Furia de titanes» en un cruce entre monster movie y testosterona a raudales, mitología desatada y escenas hipervitaminadas en el que no se preocupa por sus personajes más de lo que lo hiciera Davis en su día. El francés se halla, más bien, interesado en rediseñar las set pieces señeras, corrigiéndolas y aumentándolas (con resultados tan afortunados como esa batalla contra los escorpiones gigantes, que mejora la equivalente original), abriendo la Caja de Pandora para que salgan furiosas y mastodónticas versiones de la Medusa o el Kraken erigiéndose (al igual que en el referente) como atracciones principales de la función. Lo demás, consistencia narrativa incluida, queda descuidado si no al borde del abismo: «Furia de titanes» acusa su excesiva ligereza en unos secundarios y punch lines de diálogo que bien podrían ser los de un Michael Bay al que le se le resta la pesadez ampulosa de sus Transformers; los oportunismos y lagunas, del tamaño de la Estigia, se suman para saldar un libreto casi por necesidad irregular, vocacionalmente entregado al espectáculo del píxel.

Leterrier significa furia sin nostalgia, más allá de guiños puntuales como el pergeñado a Bubo, el búho mecánico. Esa falta de mediación del sentimiento nostálgico no supone, en cambio, permutación alguna en la esencia del divertimento: «Furia de titanes» entretiene deliciosamente y rayando, como debe ser, en lo descabellado de su circense catálogo mitológico (ese Hades lastimero incorporado por Ralph Fiennes, ese deslumbrante Zeus de Liam Neeson). Lo de menos, quizá, sea que este revisionismo con justas dosis de culto encuentre su excusa subiéndose al carro (tecnológico) de las tres dimensiones.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de «Furia de titanes» – Copyright © 2010 Warner Bros. Pictures, Legendary Pictures, Thunder Road Film y Zanuck Company. Fotos por Jay Maidment. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.

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