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«Génova»: Flirteando con la tragedia

Críticas

«Génova»: Flirteando con la tragedia

Hay en «Génova» cierta perversidad, un acecho de la tragedia que prevalece sobre la exploración psicológica de sus protagonistas. Winterbottom logra pequeños triunfos, pero su frialdad para con los personajes supone un muro infranqueable.

Uno de los mayores retos al que han tenido que enfrentarse los críticos en los últimos tiempos ha sido la búsqueda, identificación de las constantes en el cine de Michael Winterbottom. El del inglés es un caso extraordinario en su empeño constante, incesante y a paso endiablado por diluir la autoría entre sus títulos, hacer naufragar cualquier atisbo de seña de identidad entre el documental denunciante («Camino a Guantánamo») y la ciencia-ficción («Código 46»), entre la adaptación imposible («Tristam Shandy: A cock and bull story») y las crónicas de una revolución musical («24 hour party people»). A ello se ha entregado durante años el realizador con energía anfetamínica, prolífico y con intenciones de hacer de la suya una filmografía vasta en desafíos y nada conformista, abundante en cintas que deniegan rotundamente cualquier asomo de acomodamiento.

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«Génova» es un intento de abordar el trauma personal de una familia en el marco de la urbe. Sorprendentemente, tal premisa sí guarda reminiscencias de su anterior título, la correcta y nunca demoledora «Un corazón invencible». Aquí el desbordante paisaje urbano de Karachi es sustituido por las calles estrechas y tortuosas, europeas de Génova, con evidentes pretensiones de otorgar un mayor protagonismo a la ciudad, buscar en ella la mímesis con los estados anímicos de los personajes ante la pérdida de un ser querido. Hacer de Génova, en definitiva, un contexto de fuerte presencia en la trama y sus derivaciones, el cuarto personaje más importante y sólo posible a través de alta pericia cinematográfica. Winterbottom la tiene, como tiene la reticencia al acercamiento excesivo a Joe (Colin Firth), Kelly (Willa Holland) y Mary (Perla Haney-Jardine). La ciudad existe como estado de ánimo, pero cada uno de los miembros de la destrozada y recién instalada familia se ve asfixiado por la distancia que hay entre ellos y el autor, manifiesta en la continua omisión de puntos decisivos para convertirlos en verdaderas entidades dramáticas.

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Pero sin duda el componente más inusitado de «Génova» es esa cierta perversidad que impregna todo su libreto. La tragedia al acecho prevalece sobre la exploración psicológica de los personajes, angustia exacerbada precipitándose en muchas de las escenas y logrando que la implicación del espectador se de en base a la certeza de que un nuevo trauma está a la vuelta de cada esquina de la capital genovesa. Ese vínculo casi cruel y la susodicha frialdad suponen un muro infranqueable para que, por ejemplo, la erupción emocional de Kelly se haga sentir bajo la piel. Hay algunos pequeños triunfos, pero son aislados momentos de dolor extremo que ayer se significaran en el desgarrado grito de Angelina Jolie, y hoy en los violentos despertares de la niña encarnada por Haney-Jardine.

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Winterbottom reitera y deja de lado la experimentación narrativa, minimiza y no busca hallazgos visuales, juguetea con la música con irregular suerte, a veces por su difícil relación con la sobriedad de la que su película quiere hacer gala. Al final, quedan sólo destellos y apuntes que nunca se sobreponen a la sensación de haber asistido a un producto frío y fallido. Y eso, pese haber flirteado todo el tiempo con la tragedia. Y eso, pese a Winterbottom mismo.

Calificación: 5/10

En las imágenes: Fotogramas de «Génova» – Copyright © 2008 Film4, UK Film Council, Aramid Entertainment, HanWay Films y Revolution Films. Distribuida en España por Wanda Visión. Todos los derechos reservados.

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