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«Gomorra»: Las buenas intenciones no bastan

Críticas

«Gomorra»: Las buenas intenciones no bastan

Nada nuevo bajo el sol. Desde luego, no es la primera vez que las simpatías que uno pueda sentir por las vicisitudes que ha sufrido una película, por las buenas intenciones que alberga o las especiales circunstancias que la envuelven, terminan contaminando lo que debería ser simple percepción de la calidad artística. Seguramente no sea necesario recordar aquí el calvario que en estos momentos Roberto Saviano, autor del libro “Gomorra”, en el que se basa el guión de la cinta, está atravesando por la condena a muerte que la Camorra napolitana ha lanzado sobre quien tan contundentemente ha sabido desentrañar los entresijos de la organización criminal. Ante una realidad tan atroz, es evidente que la única posición sensata es la de apoyar al perseguido y denunciar que algo así pueda suceder en la civilizada Europa de hoy día.

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Sin embargo, esa empatía para con el autor no debería despistarnos hasta el punto de no ver que “Gomorra”, adaptación homónima de la obra original, podría ser mucho mejor de lo que es. Porque es evidente que, como testimonio, posee una gran contundencia, la misma con la que va mostrando al espectador un puñado de personajes terriblemente reales que se mueven por escenarios de pesadilla que, ingenuos de nosotros, situaríamos más en lugares extremos como Bagdad o una favela brasileña. Pero no sucede lo mismo como vehículo estrictamente cinematográfico, pues en este sentido va en contra de unas historias que, en muchas ocasiones, sabemos de antemano cómo terminarán, lo cual resta eficacia al cómputo general de la narración (caso de la pareja de adolescentes empeñados en ir por su cuenta enfrentándose al capo que domina su territorio).

Eso no quiere decir que la película carezca de atractivos, ejemplificados sobre todo en los pasajes que abordan aspectos menos conocidos de la actividad mafiosa. En este sentido, resulta especialmente eficaz la parte en la que se nos describe los talleres clandestinos de los que se aprovecha la industria de la alta costura, o momentos concretos como aquellos en los que los niños conducen unos camiones llenos de residuos tóxicos, que ningún conductor en su sano juicio llevaría por el peligro evidente que suponen. El excesivo metraje, la sensación reincidente de que el relato parece sumirse en un bucle en el que una y otra vez se nos narra lo mismo sin avance alguno, y la misma apuesta por un estilo sobrio que, sin caer en el falso documental, pretende no abandonar el realismo, acaba pesando demasiado en un espectador al que lo que se le cuenta no afecta de manera directa. Quizá sea esa la explicación de que gran parte del eco que «Gomorra» ha tenido en su país natal se pierda cuando atraviesa las fronteras.

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Así, unas interpretaciones de primer orden y unas localizaciones que sitúan la acción en lugares reales en los que lo narrado sucede de manera cotidiana, tienen que sortear una construcción del relato un tanto confusa, en la que ni siquiera la escena del incendio de la casa que un capo construyó remedando la mansión de Tony Montana en “El precio del poder”, llega a desplegar todo el potencial que encierra. Si “Ciudad de Dios” consiguió aunar el interés social, humano y político con una calidad cinematográfica que no hizo más que potenciar su condición de bomba de relojería, “Gomorra”, desgraciadamente, se queda en obra bienintencionada que, una vez superada la sorpresa de su golpe inicial, corre el peligro de desinflarse con el paso del tiempo.

Calificación: 5/10

En las imágenes: Fotogramas de «Gomorra» – Copyright © 2008 Fandango y Rai Cinema. Distribuida en España por Alta Classics. Todos los derechos reservados.

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