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«Grandes esperanzas»: Dickens estandarizado

Críticas

«Grandes esperanzas»: Dickens estandarizado

Una versión que no aporta nada, que adapta la novela de Charles Dickens de manera superficial y anulando cualquier discurso. Mike Newell firma una película sin personalidad, de una corrección formal hueca e intrascendente.

El lugar preeminente que «Grandes esperanzas» ocupa en la trayectoria literaria de Charles Dickens tiene mucho que ver, probablemente, con su discurso sobre las interrelaciones humanas y las clases sociales. En cada uno de sus personajes, el escritor de Portsmouth dirimía las consecuencias de actos movidos por las pasiones particulares: gratitud conservada en el tiempo, el rencor sentimental como herencia y el amor soterrado por los imperativos del ascenso social. Siempre, con su protagonista Pip como agente honesto e inmaculado que ejercía de catalizador emocional en una rica galería de secundarios. En «Cadenas rotas» (1946), hasta la fecha la mejor adaptación realizada sobre la novela de Dickens, David Lean conjugaba la profundidad de ese tratado en una atmósfera gótica de alto impacto en la memoria del espectador. En 1998, Alfonso Cuarón desempeñaba su intento por aproximar el clásico a estéticas más etéreas, haciendo del cuerpo desnudo de Gwyneth Paltrow ese virginal e inalcanzable objeto de deseo que dominaba la película desde su mismo cartel.

Jeremy Irvine en Grandes esperanzas

Lo verdaderamente llamativo de esta nueva «Grandes esperanzas» (ver tráiler) es su incapacidad para aportar algo nuevo al cúmulo de adaptaciones que ya existen de la novela, y por tanto, lo prescindible de su existencia más allá del capricho del productor de turno. Sobre todo, cuando el único motivo argumentado que esgrimen los responsables del proyecto es que hacía tiempo que no se llevaba a cabo una adaptación fidedigna a la obra de Dickens. Mike Newell, ese incansable funcionario del cine que rara vez mostrara alguna personalidad artística, se confirma como el brazo ejecutor de una versión cuya máxima aspiración es la dotar de solvencia formal al relato de siempre. Su película podrá presumir de mayor o menor fidelidad para con la fuente, pero pasa de puntillas por cualquier atisbo de discurso para forjar imágenes de corrección hueca, solo estimulantes cuando un espléndido Ralph Fiennes o una ida Helena Bonham Carter defienden el carácter trágico de sus respectivos Abel Magwitch y Miss Havisham.

Grandes esperanzas imagen

En resumen, esta «Grandes esperanzas» pasa sin recitar al autor de «Oliver Twist» con una palabra más alta que otra, como el compendio de episodios de una mini-serie de encargo de pulcritud british e impersonalidad exasperante. En el único amago de riesgo formal de toda la propuesta, Newell propone unos flashbacks que estropean toda revelación a través de una imagen vaporosa y distorsionada, eco de los vicios de la peor ficción televisiva. Peor lo peor es, sin duda, la descorazonadora sensación de asistir a un Dickens estandarizado, a una historia despojada de toda fuerza retórica para su automático consumo sin reflexión. Y ahí, es donde vive la verdadera traición al original.

Calificación: 4/10

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Imágenes de «Grandes esperanzas», película distribuida en España por A Contracorriente Films © 2012 BBC Films Unison Films, Hanway Films y Lipsync Films. Todos los derechos reservados.

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