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“Grandes esperanzas”: Un combate en el corazón

Críticas

“Grandes esperanzas”: Un combate en el corazón

Mike Newell introduce su adaptación de “Grandes esperanzas” en un mundo de convenciones y apariencias, que deriva hacia el academicismo más correcto e inerte. Buen trabajo de vestuario, fotografía y atrezzo.

La obra de Charles Dickens, como la de William Shakespeare o Jane Austen, ha sido llevada a la pantalla en innumerables ocasiones, quizá por ser capaz de abstraer la realidad de una época para explicar con hondura la condición humana, quizá por encontrar restos de grandeza y ternura entre tanta mezquindad e hipocresía social. En sus novelas se concentran las miserias más rastreras junto a comportamientos de gran humanidad, siempre resaltando la capacidad del individuo para redimirse y para vencer al destino con esperanza. Así sucede en “Grandes esperanzas” (ver tráiler) y en la versión cinematográfica que Mike Newell trae ahora a la cartelera. En ella, vemos cómo el pequeño Pip tiene un gesto de compasión hacia un convicto huido, y también cómo se enamora de una niña malcriada llamada Estella. Ambas experiencias le acompañarán durante toda su vida y determinarán un futuro en que tendrá que abrirse paso entre la niebla de las marismas y la arrogancia de los caballeros.

Jeremy Irvine y Holliday Grainger en Grandes esperanzas

Durante la primera media hora asistimos al nacimiento de unos sentimientos que hablan de la naturaleza y del poder humano: miedo y protección, soledad y amistad, odio y agradecimiento, en lo que es una lucha enconada del amor por sobrevivir al desencanto y al fatalismo. Pip tiene ante sí la sincera amistad de su cuñado y el sencillo afecto de su maestra, pero el amor —personificado románticamente en Estella— se cruza en su camino para perturbar irremediablemente su espíritu, para no abandonarle hasta que logre ganar y ablandar su corazón, por muy ensimismado y helado que esté. Son tiempos de infancia en el campo, donde la naturaleza tiene fuerza y vida propia, donde se respiran aires de libertad y amor, algo que la cámara de Newell acierta a recoger. Son momentos de cine fresco y sincero, y también de esteticismo pictórico y metafórico, algo que recuerda a la reciente “Jane Eyre” (Cary Joji Fukunaga, 2011) o, más lejanamente, a “Cumbres borrascosas” (Andrea Arnold, 2011).

Jeremy Irvine en Grandes esperanzas

Pero el destino quiere convertir a Pip de pobre huérfano a caballero, y le lleva a Londres por gracia de un benefactor anónimo, para introducirle en un club de orgullo y prepotencia mientras trata en vano de reconducir el corazón de la joven Estella. Entonces, los exteriores callejeros se convierten en ambientes mil veces reproducidos cuando se habla de Dickens —con un realismo de suciedad postiza y cartón piedra, de ratas entre la comida y mugre por doquier—, mientras que los interiores se vuelven acartonados y sin personalidad. Nos hemos introducido en un mundo de convenciones y apariencias, donde Newell deriva hacia el academicismo más correcto e inerte y los sentimientos son congelados en la pantalla. El rico contraste entre realismo rural de la infancia y encantamiento adolescente —en todas las escenas de la mansión de Miss Havisham— se ha difuminado en el melodrama más previsible y hueco —con algún pasaje confuso narrativamente—, y solo queda una ambientación y un cuidado diseño de producción gracias al buen trabajo de vestuario, fotografía y atrezzo.

Holliday Grainger en Grandes esperanzas

Mejor el Pip niño que el joven, y mejor Ralph Fiennes o Helena Bonham Carter —en un estereotipo de mujer excéntrica y desencantada que empieza a ser como su segunda piel, pues parece sacada de una película de Tim Burton— que Jeremy Irvine o Holliday Grainger, más secos y estereotipados de lo que exigían el drama y pasión de sus papeles. Con “Grandes esperanzas” volvemos a asistir a la necesidad de proyectar hacia afuera los propios sentimientos de frustración y dolor, en una labor de Pigmalión en que una novia abandonada —cruel personaje el de Miss Havisham— se vengó de los hombres haciéndoles sufrir por medio de su hija adoptada, o en que un convicto se redimió en un chico al descubrir en su corazón algo de piedad y solidaridad. Con todo, Dickens nos desvela secretos de familia y deseos duramente reprimidos —los de Estella, criatura que tendría que dar más lástima de lo que Grainger transmite—, y también nos habla de un amor sanador y de otro amargado, para finalmente decirnos que entre tanta niebla y oscuridad se terminará imponiendo la necesidad de vivir con sentimientos verdaderos y con grandes esperanzas.

Calificación: 6/10

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Imágenes de “Grandes esperanzas”, película distribuida en España por A Contracorriente Films © 2012 BBC Films Unison Films, Hanway Films y Lipsync Films. Todos los derechos reservados.

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