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«Habitación en Roma»: Amor y presunción en la ciudad eterna

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«Habitación en Roma»: Amor y presunción en la ciudad eterna

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Julio Medem firma una película que resulta fría y presumida, que encuentra en su respeto hacia las actrices principales el mejor acierto posible huyendo de morbos y excesos. Una pretenciosa anécdota fugaz y rápidamente olvidable.

Alba (Elena Anaya) y Natasha (Natasha Yarovenko) cruzan sus soledades en una “Habitación en Roma”, un encuentro que cambiará sus existencias para siempre convertido en la más intensa experiencia de sus vidas. Para el espectador no lo será tanto. Julio Medem se convirtió en uno de los nombres claves de nuestro cine desde el mismo momento en que “Vacas” llegara a los cines hace casi treinta años; sin embargo, sus dos últimas propuestas, “La pelota vasca, la piel contra la piedra” y, sobre todo, “Caótica Ana”, no han cuajado demasiado entre el público, no especialmente masivo, que se mantiene fiel a su personalísima ─y necesaria─ filmografía. Y esta nueva propuesta, remake de la chilena “En la cama”, es total y contundentemente decepcionante en su fondo, sin que su cristalina forma salve el desaguisado.

Es del todo inevitable que la película, centrada en el progresivo y veloz enamoramiento de una lesbiana de nacimiento ─Anaya─ y una ocasional ─Yarovenko─, acelere su impulso comercial por el morbo que despierta la suposición de cien minutos de carnalidad desfogada; sin embargo, lo mejor de la propuesta reside en el extraordinario respeto con el que Medem trata a su entregadísima pareja protagonista, que luce ideal belleza de pasarela en una trama en absoluto lasciva, orientada hacia la plasmación de un amor total, absoluto, puro e inesperado para ambas. Y es aquí, curiosamente, donde también tropieza la cinta, que resulta tan fría en su ideal de perfección que la relación se hunde en un pozo de inverosimilitud artificiosa, pomposa y presumida del que no es capaz de escapar. Aunque puede que tampoco lo pretenda, sumida en sus devaneos con simbolismos divinos, tan ostentosos como inofensivos y cándidos.

Sexo sin pasión, soft de postal, ardores en pose permanente que salpican una conversación malogradamente profunda y agotadora, repleta de confesiones, mentiras y desahogos que buscan ensamblar dos almas en un preclímax constante a la luz de una perfecta disposición técnica que, sin abandonar en ningún momento la estancia del título, se deja mecer por una repetitiva hasta lo irritante banda sonora de Jocelyn Pook, que machaca la paciencia del palco con la inestimable colaboración de la recatada y fulgurante Russian Red. El elemento masculino hiere también mortalmente al conjunto, con Enrico Lo Verso dando vida a un ridículo botones que propone pepinos hervidos mientras farda con gracia simpar de su tono digno de un barítono de pro. Bajo la atenta mirada de Cupido, se desentraña esta efímera anécdota fílmica como un estilizado tránsito hacia el más ansiado proyecto de Medem, esa recuperación de la figura de Aspasia que durante tanto tiempo ha anhelado ─y que guiña aquí de forma tan natural como descarada─ y esperemos que en breve pueda ver la luz.

Calificación:
3/10

En las imágenes: Fotogramas de “Habitación en Roma” © 2010 Morena Films, Alicia Produce, Intervenciones Novo Film 2006 AIE y Wild Bunch. Todos los derechos reservados.

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