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«Hansel y Gretel: Cazadores de brujas», el cuento en ristre

Críticas

«Hansel y Gretel: Cazadores de brujas», el cuento en ristre

La Europa de las brujas se transforma en festín exploitation, donde junto a la alegría gore persiste un leve déjà vu de producciones similares. La cacería es breve y simpática, una juerga de serie B con orgía de criaturas y humor siniestro.

Al escuchar la historia de Hansel y Gretel entre diversas fuentes y el hogar de los Wild, los hermanos Grimm decidieron que aquél era un cuento excelente para narrar a los niños frente a la chimenea. No sucede hasta púdicas décadas más tarde que el contenido folklórico germano empieza a ser cuestionado como música ideal para los tiernos oídos infantiles, y el material regresa a manos y bocas de los adultos, representados por psicoanalistas que exageran la gravedad del relato y de madres que, en el extremo opuesto, lo dulcifican tanto como la casa de caramelo. A partir de ese un tanto ingenuo afán por hacer madurar al cuento infantil y convertirlo en un producto a la altura de un consumidor adulto, difícil de conmover o asustar; en parte también por la escasez de ideas que conduce a un amamantamiento descarado de las fuentes primigenias, Hollywood transforma la historia inocente en reflejos siniestros o hemoglobínicos que ya estaban ahí, en los originales. “Hansel y Gretel: Cazadores de brujas” (ver tráiler) caería, por consecuencia, en la marmita de la estupidez supina, si no fuera porque a Tommy Wirkola le interesa la reescritura en otro sentido, uno más inteligente.

Gemma Arterton y Jeremy Renner en Hansel y Gretel: Cazadores de brujas

Hombre venido del spoof y el exploitation“Zombis nazis” (2009)—, inyecta desde el principio una descarga moderna en un espacio-tiempo que, en sus propios términos reales, ofrecía los elementos necesarios para una visión irreal de Europa. La Alemania convertida en territorio de inquisidores aficionados y brujería pudo existir como terrible ejemplo de barbarie religiosa, moral y social —“Hansel y Gretel” no deja de ser una denuncia de la escasez del pueblo llano frente a la opulencia—, y asimismo como inspiración —los grabados de tortura de los créditos— para el microuniverso telúrico y steampunk que se inventa Wirkola. No es ése un derroche de imaginación absoluto, y bajo la desfachatez de las palabrotas y la alegría gore persiste un leve déjà vu propiciado por la incidencia de producciones similares en el escenario boscoso, las aldeas teatreras, la ralentización de las balas, los actores que apenas consiguen esconder la expresión del deseo de hallarse en otra parte. Y no hay motivo para anhelar tal cosa: la cacería es breve y simpática, sin más pretensiones que las de enarbolar bien y en el momento justo la herramienta más pesada imaginable. Además, su apuesta por la juerga la desbroza de toda tontería sobrante —un diálogo entre Hansel (Jeremy Renner) y un fan jovenzuelo establece la preeminencia de la acción sobre la aclaración de preguntas de trama inútiles—.

imagen de Hansel y Gretel: Cazadores de brujas

Tal descaro y lucimiento de un alma de serie B, de videoclip de banda de metal con añoranza por el fantástico de los ochenta, era lo que faltaba en “Caperucita Roja” (Catherine Hardwicke, 2011), «Blancanieves y la leyenda del cazador» (Rupert Sanders, 2012) y “El secreto de los hermanos Grimm” (Terry Gilliam, 2005) —por no mencionar liftings como la serie de ABC «Érase una vez» (2011), opuesta al «Grimm» (2011) de NBC—, y estos Hansel y Gretel llevan los presupuestos del cuento de horror a su tejido más desatado, basto y sangriento. Se nota la felicidad en los momentos que despiezan a brujas y cobardes sin ninguna compasión, mientras la atmósfera se espesa cuanto más sentimental y explicativa se vuelve la película, en especial a costa de Gretel (Gemma Arterton) —¿dónde quedan la incorreción política, el incesto insinuado, los desórdenes alimenticios tras el trauma de la casa de dulces?—. La belleza de los protagonistas sólo importa para ser ensuciada, ensangrentada y manoseada; como contraste frente a esa recreación del cuento de los Grimm en el prólogo —que no añade un tono siniestro que no estuviera ya en el cuento— y la diversión flexible de brujas y trolls dignos de Jim Henson y “El cuentacuentos”. Algunos dirán que un placer olvidable y culpable, pero si “Hansel y Gretel” olvida muchas cosas, desde luego no posee culpa por funcionar como el juguete de moda —llega con otro puñado de producciones sobre el mismo tema— que es.

Calificación: 6/10

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Imágenes de “Hansel y Gretel: Cazadores de brujas”, película distribuida en España por Paramount Pictures Spain © 2013 Gary Sanchez Productions, Metro-Goldwyn-Mayer y Paramount Pictures. Todos los derechos reservados.

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