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Críticas

«Harry Potter y el misterio del príncipe»: El tormento de la madurez

«Harry Potter y el misterio del príncipe» se revela más tortuosa que sus antecesoras, más dolorosa y menos digerible, tanto en su densidad como en su ritmo. Una antesala del episodio final quizá incluso consciente de esa condición.

Los senderos de la saga nos han llevado, definitivamente, a la adultez de sus protagonistas. Lo que en un principio se reveló cine infantil que partía de Chris Columbus y aquella «Harry Potter y la piedra filosofal» y su siguiente «Harry Potter y la cámara secreta», se ha convertido, tras las logradas entregas de Alfonso Cuarón y Mike Newell, en una inmersión irreversible en la oscuridad de la madurez. En ese sentido, la serie cinematográfica que ha trasladado la franquicia literaria de J.K. Rowling es ejemplar: en la perfecta consciencia de su evolución desde la despreocupada atmósfera del primer año de Hogwarts a la fatalidad respirable en «Harry Potter y el misterio del príncipe». Es decir, una saga que crece junto al lector/espectador, sin obviar el despertar hormonal de sus personajes ni rehuir los fatídicos derroteros que les depara la edad adulta.

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En estos últimos menesteres, la saga parece haber encontrado en David Yates su gran aliado. El británico ha tomado el pulso a esa fatalidad, se demuestra capaz de esa oscuridad creciente; así lo anunciaba aquella «Harry Potter y la Orden del Fénix» y así se infiere, más si cabe, de la que aquí nos ocupa. Empezando por la paleta cromática, Yates no sólo ha sumergido sus trabajos en tonos apagados y diseños de producción evidentemente menos entusiastas, sino que su cámara se ha ido contagiando, progresivamente, de esa tendencia al hiperrealismo cinematográfico que se extiende por el blockbuster como falaz certificado de calidad (véase aquí la batalla en las inmediaciones de la casa Weasley y véase, después, cualquiera de las más arenosas escenas de «Terminator salvation»). En cualquier caso, y sin que sea la de Yates una cinta imbuida de dicha tendencia, lo que sí es cierto es que su color anímico acompaña perfectamente a lo que nos está diciendo: hay pasión teen, tentativas de novillos y magreos clandestinos en los rincones de Hogwarts; están las primeras cervezas y los primeros sentimientos hechos añicos; pero todo, absolutamente todo, se ve fatalmente cohibido por la proximidad de la tragedia.

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«Harry Potter y el misterio del príncipe» se revela más tortuosa que sus antecesoras, más dolorosa y menos digerible, tanto en su densidad como en su ritmo. Aquel que busque el medido, ameno espectáculo de «Harry Potter y el cáliz de fuego» o el crescendo de «Harry Potter y la Orden del Fénix» encontrará, al cambio, una entrega más preocupada por profundizar en relaciones sentimentales de instituto, más centrada en ahondar en la torturada alma de Draco Malfoy (correcto Tom Felton) y presentarnos a la versión infantil de Voldemort (todo un Damien en potencia ejecutado por Hero Fiennes-Tiffin). En resumen, una antesala del episodio final quizá incluso consciente de esa condición, que flirtea con el tedio en sus propósitos de asentar el momento en el que cada personaje llega a la tan esperada contienda última. Un riesgo que, tal vez, haya merecido la pena correr.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de «Harry Potter y el misterio del príncipe» © 2009 Warner Bros. Entertainment. Harry Potter Publishing Rights © J.K.R. Harry Potter characters, names and related indicia are trademarks of and © Warner Bros. Ent. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.

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